ENSAYO:
CONCURSO DE LA ACADEMIA PARLAMENTARIA 2014
Para una nueva
arquitectura de la formación ciudadana, el desafío del sistema educativo
Chileno en el siglo XXI.
“ellos pedían esfuerzo, ellos pedían dedicación y para que, para
terminar pateando piedras” (El Baile de los que sobran, los Prisioneros)
“La Comisión Internacional sobre la Educación del siglo XXI creada por
la UNESCO, plantea la necesidad de formar una nueva cultura ciudadana que
permita a los individuos participar activamente en el desarrollo de la
sociedad; estimular la cooperación entre los seres humanos, sin distinción de
raza, religión o lengua. Así mismo, la educación debe fundamentar
conocimientos, valores, actitudes y aptitudes favorables a la construcción de
una cultura de paz y democracia” (Declaración de 44ª Reunión de la Conferencia
Internacional de Educación. Ginebra, 1994).
PROFESOR: CRISTIAN
ORREGO MONDACA
INSTITUTO OBISPO SILVA LEZAETA
CALAMA
Para una nueva arquitectura de la formación
ciudadana, el desafío del sistema
educativo Chileno en el siglo XXI.
Los últimos
acontecimientos de la vida Chilena nos han demostrado que el país está
cambiando y nuestros ciudadanos también y con esto me refiere a la lección que
nos dejó la última elección presidencial y parlamentaria, de acuerdo a la
última modificación legal, ahora la inscripción es obligatoria y el voto
voluntario, por lo tanto el padrón electoral, debería haber crecido
considerablemente al igual que la masa de votantes, pero la realidad nos
nuestra todo lo contrario.
La elección
Presidencial y Parlamentaria nos arroja cifras, que nos llama la atención, las nuevas autoridades del
poder Ejecutivo y legislativo fueron elegidos con menos del 50% de los de las
personas legalmente facultadas para votar, primer llamado de atención, la nueva
ley no logro captar a una nueva masa de votantes, especialmente, con la
consecuencia directa de un envejecimiento del padrón electoral, donde la
Presidenta de la Republica, junto con su coalición de gobierno, llamada de la
nueva mayoría, terminaría siendo de la nueva minoría, por ser elegida por menos
del 50% de los ciudadanos legalmente habilitados para votar. Además la última
encuesta CEP, nos dice que las personas muestran una baja confianza en los
partidos políticos (12%) y en otro poder del Estado, el Judicial (6%). Pero los
llamados nuevos ciudadanos si están interesados por participar en los espacios,
el problema se genera, porque ellos sienten, que la forma tradicional, o sea a
través de los partidos políticos, no los representa en el Chile actual y buscan
canalizar sus inquietudes a través de otras realidades, llámese movimientos,
organizaciones, clubes de diferente tipo, etc. Es allí donde canalizan sus
inquietudes y buscan sus espacios de participación.
La gran
interrogante que nos plantea los últimos acontecimientos, ligados a nuestra
realidad política, debe llamarnos profundamente la atención, tratar de
visualizar, analizar, tratar de dar respuestas y soluciones, a un fenómeno que
puede corroer nuestra convivencia democrática, la poca participación e interés
en la vida política en nuestro país, que es la única forma de legitimar nuestra
Democracia, es con la participación, que va más allá del solo hecho de
sufragar, debemos fomentar la formación ciudadana y es aquí donde la escuela
juega un rol fundamental, en el proceso antes mencionado.
La primera pregunta
que debemos responder es que paso con nuestra participación democrática, que
llevo a generar tan grado de apática, especialmente en los jóvenes. Una mirada
histórica, el diagnostico nos plantea realidades tanto en el plano externo,
como interno. En el plano internacional, el mundo paso de la guerra fría a
proceso dominado por los paradigmas que, Francis Fukuyama, planteo, en el fin
de la historia y el último hombre , que es la democracia liberal y el
neoliberalismo el cual ha traído una serie de cambios que han terminado por
configurar una nueva realidad histórica y a la vez ha cambiado el concepto de
ciudadano al de consumidor, una nueva dimensión que poco a poco se fue
transformando en un consumidor activo, rol a partir del cual sí puede
participar y tomar decisiones que impactan directamente en su calidad de vida.
Aquello ha erosionado nuestro vínculo social y por la tanto los grados de
participación se han visto afectado por proyectos más individuales que
colectivos. Pero también podemos encontrar
que existe una crisis del
concepto Estado-Nación, la globalización de la economía, el impacto de las
nuevas tecnologías de la información, la crisis de las identidades políticas
tradicionales, entre otros, son fenómenos que obligan a redefinir el papel de
la educación en la sociedad y más específicamente en la el rol de la escuela
ante este nuevo escenario. Donde el rol de la escuela, en el proceso de la
sociabilización debe orientarse a líneas de acción especificas desde la
perspectiva de una política educativa con objetivos claramente democráticos.
Vivimos en mundo,
que cambia constantemente, producto de la globalización y donde la única
certidumbre es la incertidumbre y ante aquello, debemos dar respuestas claras y
precisas. Porque en el siglo XXI, vivimos más que en otras épocas, en un mundo
interdependiente, amenazado y en crisis; por ello necesitamos fortalecer los
caminos y alternativas hacia sociedades
incluyentes, solidarias, justas y sostenibles, uno de ellos es la formación
ciudadana. En esta medida, somos responsables de lo que nos sucede y sucederá a
nosotros y a nuestras próximas generaciones, tanto en nuestro entorno local y
global, para lo cual se requiere construir nuevas competencias para ejercer una
ciudadanía activa de cara al tipo de sociedad que estamos viviendo. Da cara a
las implicancias en la convivencia social y política. Las personas están
habitando un mundo donde cada vez necesitamos más informarnos e interactuar en la
relación del contexto, no solo local sino a la vez territorial, nacional y
global. Esta relación requiere crear
nuevos conocimientos, aprendizajes, habilidades y actitudes, para delimitar e
integrar lo que pensamos y hacemos en el contexto particular en el que vivimos
y en los contextos cada vez más amplios a los que pertenecemos, hasta llegar a
ubicarnos en este mundo tan complejo que enfrentamos, la llamada era global.
Comprender lo
global, es un elemento central que nos permitirá dilucidar, el nuevo escenario
que enfrentamos, ya que “lo global es más que el contexto, que es el conjunto
que contiene diversas partes ligadas de manera organizacional. De esa manera,
una sociedad es más que un contexto, es un todo organizador, del cual hacemos
parte nosotros” (Campos Arias, Rosa Ludy: Educación social y formación
ciudadana en tiempos de globalización, página 123). Aquel fenómeno es multidimensional (social, económico,
cultural, ecológico, político) y complejo porque se refiere a un tejido
interdependiente del todo y de las partes en sus diferentes dimensiones. La
globalización se constituye en un fenómeno reciente y acelerado de cambios
radicales, caracterizado principalmente por una integración más estrecha entre
los países y pueblos del mundo, que ha incidido en particular en la economía,
el trabajo, el comercio, las finanzas, las comunicaciones y las culturas
locales del mundo.
Por lo tanto la
globalización se manifiesta en nuestra vida diaria en todas las dimensiones del
desarrollo, en el cual podemos identificar,
algunas características positivas, como por ejemplo: “una mayor conocimiento,
información, dominio de la naturaleza, diversificación de la producción,
evolución de la ciencia, la tecnología, la medicina, la conquista del espacio,
las luchas mundiales por las reivindicaciones de generó, los derechos, las
diferencias de raza y de credo, entre otras” (Campos Arias, Rosa Ludy:
Educación social y formación ciudadana en tiempos de globalización, pagina124)
Pero debemos decir
también, que la globalización, ha socavado al ciudadano, porque ya no busca, el
bien común, la realización social, ni la participación de la ciudadanía para
resolver los problemas. En este campo de la vida, todo se mide por lo que está
de moda, por lo que se puede vender, lo que se publicita, donde lo que importa
de es consumir, dejando de lado la
verdadera esencia de la sociedad democrática, el significado de vivir y
convivir, donde la libertad del consumo
ha desbancado a la libertad del ciudadano, la preocupación es por la forma, la
apariencia, la estética , la publicidad, el dinero, el afán de lucro y el éxito
coyuntural, han reemplazado la vida productiva y social acorde a las normas de
convivencia, ahora solo se busca la felicidad individual, que ha superado los
proyectos colectivos y ciudadanos, donde la televisión, por ejemplo, ha
reemplazado, el concepto que habíamos heredados de los griegos como espacio de
participación ciudadana, el ágora, ha sufrido un jaque mate. Es por eso que se
puede afirmar que la dinámica de la globalización en su contexto económico, con
su modelo neoliberal, implica nuevos escenarios y preguntas para orientar los
planes de una nueva formación ciudadana.
Lo que debemos
rescatar es que existe un elemento que puede unir la globalización a la
educación y es la ciudadanía, donde la contribución estaría por la construcción
de una ética global para la justicia y
la solidaridad, donde se debería formar para un ejercicio activo de la
ciudadanía global y local en la búsqueda y la consolidación de la democracia
como un proceso de gobierno.
Donde la ética la
debemos entender como: “un saber colectivo de los seres humanos, que se
manifiesta como un conjunto de principios y sentimientos de lo que una
comunidad acepta como bueno, válido” (Campos Arias, Rosa Ludy: Educación social
y formación ciudadana en tiempos de globalización, página 125) lo que debería
ser la base de la cohesión social que a su vez se constituye como fuente de la
solidaridad en relación a la responsabilidad social, la cual se debe conservar,
reproducir y se transforma a través de la educación.
Ser ético, lleva la
consigo la reflexión, sobre situaciones los criterios y las decisiones que se deben asumir para convivir, producir y
crear, en condiciones de libertad y responsabilidad. Donde las preocupaciones
centrales de la ética tienen que ver precisamente con los valores universales y
los derechos humanos, asociados a la solidaridad, la honestidad, la justicia,
la igualdad, la libertad, la tolerancia, la inclusión del otro, la paz.
Por lo tanto la educación,
en este escenario tan complejo que nos presenta la globalización, requiere como
eje una formación humana, social, política y productiva, de la ética, la moral
y los derechos, para trabajar en comunidad, “en suma, la intencionalidad ética
no es otra cosa que la intencionalidad de vida buena, con y para otros, en
instituciones justas” (Campos Arias, Rosa Ludy: Educación social y formación
ciudadana en tiempos de globalización, pagina126). Y para esto se debe
recuperar el ágora, el redescubrimiento de la cosa pública, y de la conciencia
democrática, lo que significa hacer el examen crítico del presente, sacando las
lecciones del pasado, con el objetivo de construir de manera consciente el
futuro. Hay que “rescatar el equilibrio…. con el ágora, rescatando el debate
democrático, en el espacio público contextualizado”. (Campos Arias, Rosa Ludy:
Educación social y formación ciudadana en tiempos de globalización página 126)
Y la educación está
presente, cumpliendo un rol fundamental, pero que requiere construir
conocimientos en torno a la democracia y la ciudadanía, desarrollar actitudes
solidarias y justas, construir competencias para la comunicación pública y ante
todo para la deliberación y la construcción de un nuevo contrato social. Los
avances del mundo globalizado, nos hace imperativo, enfocar un proyecto
colectivo y ciudadano, el cual se ve refrendado, en la declaración de
Barcelona, realizada en el foro social mundial de 2004.
Que nos plantea los
siguientes desafíos, en relación a la formación ciudadana:
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Declaración
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Desafíos para la formación ciudadana
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Rechazar la
pobreza, la guerra, la explotación, la marginación, la exclusión.
Rechazar todo
tipo de violencia especialmente con las y los niños, las mujeres y los menos
favorables.
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Educación ética y
moral y en derechos humanos, para garantizar el respeto y cumplimiento de los
valores cívicos de convivencia y de los derechos humanos.
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Participar en la
regulación del crecimiento económico, en equilibrio con el desarrollo y la
justicia social.
Respetar la
diversidad cultural y las expresiones de resistencia y movilización social
por el desarrollo global y la conservación de las singularidades.
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Educación en el
reconocimiento de las diferencias, la diversidad, el medio ambiente, para
garantizar el respeto, la inclusión, la reciprocidad y la sostenibilidad del
planeta.
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Garantizar la
vida digna, la educación, la salud, la cultura, la paz
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Educación en la
construcción de la subjetividad política, para que los sujetos reflexionen
sobre la corresponsabilidad que tienen en la construcción de lo público, lo
político y la política
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Privilegiar el
diálogo y la negociación como principio regulador de las relaciones entre
países, religiones, comunidades y personas.
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Educación en los
procesos de participación, organización comunitaria para garantizar el
agenciamiento de proyectos sociales y políticos de transformación y
reivindicación
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Defender las
libertades individuales, la igualdad, la alteridad, la solidaridad, la
justicia y la democracia
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Educación, en conocimientos,
actitudes y procedimientos de la ciudadanía, para garantizar su ejercicio
activo y su adecuada competencia en el contexto, social y político
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Construir una
ética económica y ecológica, junto a un sentido de la justicia global, por un
planeta sostenible y en paz.
Regular el uso de
la tecnología, la ciencia, la productividad al servicio del desarrollo humano
y social
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Educación en la
fundamentación de la ciudadanía, para garantizar la suficiente reflexión,
sobre los principios que caracterizan los enfoques normativos de la
ciudadanía en sus principales tradiciones: liberal, comunitaria y
republicana.
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Garantizar la
instauración de una justicia internacional que prevenga y persiga los
crímenes contra la humanidad, el patrimonio cultural, la ecología y los
delitos que violen los acuerdos económicos globales.
Potenciar y
direccionar la cooperación internacional hacia el desarrollo local, en lo
global.
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Educación para la
intervención social, socio-política, frente a problemáticas sociales,
conflictos, exclusión, entre otros, para garantizar la transversalidad de la
ciudadanía, la civilidad y la corresponsabilidad de la sociedad y del Estado.
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(Campos Arias, Rosa
Ludy: Educación social y formación ciudadana en tiempos de globalización,
página 127)
En nuestra realidad país, no escapa al
fenómeno, cada más patente, palpable y que se refiere una crisis de la
representatividad democrática, donde la paradoja reside , en que de una parte
la institucionalidad del sistema sigue funcionando, pero desde la otra realidad
se observa, cada vez más, el debilitamiento del ciudadano y de la cohesión
social que se debilita. Desde la vuelta a la democracia, existe cada cierto
tiempo se producen cambios y alternancias pacificas de gobierno, a que las
elecciones se siguen realizando periódicamente y las instituciones políticas
funcionan en relación al llamado ejercicio de la democracia, al mismo tiempo,
el compromiso ciudadano se debilita claramente.
Donde cada día, se
sigue profundizando la indiferencia social, especialmente de los jóvenes, hacia
la política. Lo cual se puede ratificar con los siguientes datos “su baja tasa
de inscripción en los registros electorales. Los jóvenes de entre 18 y 29 años
solo representan el 17% del padrón electoral, y se calcula que hay cerca de dos
millones de jóvenes que no se han inscrito y no participan del sistema
electoral (SERVEL, 2009). En segundo lugar, se puede mencionar su creciente
desinterés y desconfianza por la politica partidaria. En la 5° encuesta
Nacional de la Juventud, se evidencia que las instituciones de gobierno y los
partidos políticos son las organizaciones que más desconfianza generan en los
jóvenes (INJUV, 2006). Y por último, en relación al compromiso democrático de
las nuevas generaciones, el estudio desarrollado por el PNUD el año 2002, en
Chile, muestra que los jóvenes de entre 16 y 29 años, tan solo el 40,5%, cree
que el mejor sistema de gobierno es la democracia, mientras que el 34,5%
manifiesta que le es indiferente la forma de gobierno y un 20% cree que en determinadas
ocasiones es mejor un gobierno autoritario. Lo que más decidor aún es que el
56% de los entrevistados opina que el desarrollo económico es más importante
que la democracia” (García, Carolina: Los desafíos de la formación ciudadana y
la cohesión social frente a la des-subjetivación del sistema, página 330).
Los datos expuestos
permiten afirmar que estamos experimentando un cambio social importante, que en
el ámbito socio-político, tienen que ver con una resignificación del espacio
político y del ejercicio de la ciudadanía y con una reformulación de las
identidades colectivas. Por una parte se constata un distanciamiento del sistema democrático y con una alta tasa
de desafección política. Se aprecia una ausencia de un sentido de cohesión
social y de un sentido de pertenencia a la cultura cívica. Pero que no
equivalen a un retracción de la
ciudadanía, sino más bien tendría lugar la resignificación de ésta, la
cual, ya no tendría a las instituciones políticas como único punto de
referencia, sino que se prestaría más atención a la convivencia social y a las
instituciones y a las acciones sociales. En este contexto, la construcción de
ciudadanía se ha vuelto más complejo y tiene que enfrentar los nuevos desafíos.
Por qué las
estadísticas antes expuestas, nos reflejan nuevas actitudes y comportamientos
de los jóvenes Chilenos, donde otros estudios, nos siguen refrendando una
compleja relación de las nuevas generaciones con la política y la ciudadanía,
donde altos porcentajes de los jóvenes siente lejanía con el sistema
democrático, pero a la vez se puede constatar que los jóvenes demuestran un
grado importante de participación social, las cuales no se realizan en las
formas convencionales, como son los partidos políticos o sindicatos. Un dato del INJUV nos dice que el 52% de los
jóvenes si participa y donde la mayoría lo hace en un club deportiva, el 18,3%,
pero solo un 0,9 dice participar en un partido político y un 1,4 % lo hace en
un Sindicato. Los estudiantes demuestran un alto grado de participación en
temas de beneficencia social, como forma de participación social “el 85% de los
jóvenes recolectaría dinero para una causa social, el 77% juntaría firmas para
una petición y un 74% considera importante el votar en las elecciones
nacionales” (Marín, Cristóbal: Educación y cultura cívica, página 5). Lo que
nos dice que los jóvenes si están interesados en participar en su entorno,
interesante es el dato que nos dice que “el 61% de los jóvenes lee artículos
del diario sobre su país, el 89% ver las noticias en televisión y el 55%
escucha noticias en la radio” (Marín, Cristóbal: Educación y cultura cívica,
página 5)
Al mismo tiempo,
las estadísticas nos permite decir que los estudiantes chilenos confían más en
los medios de comunicación que en las instituciones de gobierno: “confianza en
los medios y el gobierno, noticias en televisión 64%, noticias en la radio 56%,
noticias en los diarios 54%, en el Gobierno 37%” (Marín, Cristóbal: Educación y
cultura cívica pag 6).
Lo que debe llamar
la atención es un estudio de IEA, que midió los conocimientos y habilidades
cívicas de los estudiantes, comparándolos con resultados de estudiantes de
otros países, el estudio apunto, en una primera escala, al conocimiento cívico y en la cual se
incluían preguntas sobre las características del sistema democrático y sus
instituciones prácticas, derechos y deberes ciudadanos, rol de los medios de
comunicación en democracia, consecuencias políticas de temas económicos,
identidad nacional, cohesión social, relaciones internacionales y la segunda
escala midió las habilidades para interpretar las comunicaciones políticas y se
incluían ejercicios como interpretar un dibujo alusivo a la forma en que se
escriben los libros de historia, identificar afirmaciones sobre discriminación
por género, interpretar propaganda y programas políticos, los resultados
arrojaron, en amabas escalas, fueron significativamente menores al promedio
internacional y se nos ubicó en el penúltimo lugar de la clasificación general,
solo por encima de Colombia. Allí se les pidió a los estudiantes Chilenos, que
en el plano de los conocimientos fuesen capaces de identificar un gobierno
no-democrático a partir de un listado de características, sólo el 44% de los
estudiantes Chilenos contesto correctamente. Con respecto a las habilidades
interpretativas, el ejercicio que consistía en interpretar un dibujo alusivo a
cómo se escriben los libros de historia, sólo el 49% respondió correctamente y
en otro ejercicio que pedía interpretar un panfleto electoral el 54% contestó
de forma correcta.
¿Qué problema
pueden provocar dichos resultados?, podrían tener graves consecuencias para el
funcionamiento futuro de la democracia en Chile. Muchas de las preguntas
respondidas de manera incorrecta por la mayoría de los estudiantes son lo mínimo
requerido para realizar las tareas cívicas básicas de las sociedades
democráticas contemporáneas, como por ejemplo: “decidir entre candidatos,
comprender editoriales de periódicos, decidir si unirse a una organización
política con una ideología particular, saber cuándo un gobierno deja de ser
democrático, etc.”(Marín, Cristóbal: Educación y cultura cívica, página 10)
Sin embargo en
Chile la discusión y las políticas educativas se han centrado fundamentalmente
en la preparación de los jóvenes para su integración al mundo del trabajo y de
los mercados globales y altamente competitivos. En el debate ha estado, en un
tiempo, estuvo ausente un examen a los desafíos que plantean a la educación los
nuevos escenarios políticos, sociales y los niveles de preparación cívica de
nuestros estudiantes, donde supuestamente real era formar personas
competitivas, buenos consumidores pero apolíticos. Lo interesante es que parece
que se ha respuesta en el plano del debate y en la agenda educativa la
importancia de la formación ciudadana para el futuro del país y las carencias
de los estudiantes Chilenos al respecto.
Problemas claros y
refrendados con otros estudios que reflejan y muestran un país con altos
índices de inequidad social, acompañados, como ya lo hemos dijo, de un
descredito generalizado de los poderes del Estado, como el poder Legislativo y
el Judicial, donde la consecuencia directa es su repercusión en el conjunto de
la estructura social y política de gobierno y la institucionalidad política
social representada en los partidos políticos.
Aquel
debilitamiento de las instituciones y la cohesión social, a la vez tiene
directa relación, con el tipo de sociedad impuesta después del término de la
guerra fría con sus paradigmas de la democracia liberal y el neoliberalismo
donde “ la institución imaginaria de la sociedad que de otra forma ha
instituido formas de apatía social en paralelo a una exacerbación del
individualismo moderno, desarrollando formas hiperbólicas de privatización del
espacio público, tanto en sus redes sociales propiamente tal, como es el caso
emblemático de la educación, como también en las formas de utilización de
bienes y de recursos naturales, como el agua, la electricidad y por ende los
servicios de comunicación, el transporte, etc.” (García, Carolina: Los desafíos
de la formación ciudadana y la cohesión social frente a la des-subjetivación
del sistema, página 330-331). Rescatando lo expuesto, la mayor prioridad sería
la necesidad detectar y comprender los desafíos que enfrenta la
formación ciudadana en la actualidad, para identificar las razones que hay
detrás del debilitamiento del compromiso ciudadano de las generaciones más
jóvenes con el sistema democrático, en un contexto que en apariencia
cumple con los objetivos con los requisitos de un sistema democrático
de hecho y proponer lineamientos para el desarrollo de una política de
formación ciudanía transversal de modo tal de favorecer el desarrollo de la
cohesión social. Esto favorece los lazos de solidaridad y de integración social
de cada grupo. Por lo tanto elemento
fundamental para un ejercicio sano de
una democracia participativa, activa, crítica y comprometida con un proyecto
colectivo de país.
La realidad Chilena
nos nuestra como una sociedad híper-atomizada “por así decir una simbolización
hiperindividualista del sujeto, que ni siquiera como postulaba Descartes se
estructuraba desde una conciencia pensante como cogito, sino desde el consumo y
apropiación de la subjetividad concebida como propiedad y como cosa” (García,
Carolina: Los desafíos de la formación ciudadana y la cohesión social frente a
la des-subjetivación del sistema, página 333).
Bajo lo mencionado,
un estudio de la oficina regional de la UNESCO (2007), muestra que la falta de
la cohesión social y confianza social dicen relación con una verdadera erosión
de las instituciones de protección social lo que ha transformado culturalmente
a la sociedad, donde hoy está “más centrada en el individuo y en su autonomía y
en la libertad individual como garantes de éxito. El entramado social se ha
vuelto más frágil y el concepto de comunidad se ha resquebrajado. Los
ciudadanos difícilmente se ven a sí mismos formando parte de un sujeto
colectivo, de un nosotros, todo lo cual aumenta los riesgos de una sociedad
fragmentada, lo que otorga una nueva importancia a la cuestión de la cohesión y
de las instituciones que, como la escuela y la Universidad, apuntan a la
constitución de lo social.” (García, Carolina: Los desafíos de la formación
ciudadana y la cohesión social frente a la des-subjetivación del sistema,
página 333).
¿Pero que se ha
hecho para remediar tan situación?, desde el retorno a la democracia, la
educación ciudadana está orientada a formar ciudadanos activos, en los que
deberían conjugarse las tres dimensiones clásicas de la ciudadanía: la
política, referida a la participación en los procesos electorales, la civil,
relacionada con la defensa de los derechos básicos de todo ser humano y la
social, orientada a la organización colectiva y la desarrollo de La tolerancia
y el respecto a la diversidad. La educación ciudadana en Chile entonces:
“comienza a desarrollarse a contar de la puesta en marcha de la reforma
curricular de 1997, está orientada, a la formación de una ciudadanía inspirada en los valores prácticos
democráticos, por medio de la entrega no solo de contenidos conceptuales
referidos a la institucionalidad política, sino también del desarrollo de
habilidades y actitudes necesarias que le permitan estructurar una compresión
del entorno y les orienten a actuar crítica y responsablemente en la sociedad,
sobre la base de principios de solidaridad, ciudadano del medio ambiente,
pluralismo y valoración de la democracia”( García, Carolina: Los desafíos de la
formación ciudadana y la cohesión social frente a la des-subjetivación del
sistema, página 341). Los principios expuestos debería haber formado un
ciudadano, basado ya no en la concepción de soberanía y nacionalidad, sino un
ciudadano:” activo, participativo, con capacidad de reflexión y crítica, frente
a las problemáticas de la sociedad globalizada” (García, Carolina: Los desafíos
de la formación ciudadana y la cohesión social frente a la des-subjetivación
del sistema, página 341), Pero en la realidad nada de aquello se ha logrado,
porque no hay bases que sustenten el proyecto.
Por qué, primero
que todo, no existen espacios de participación reales para los ciudadanos
comunes y corrientes. En segundo lugar, prima una lógica economicista que
reduce la participación al mercado económico, somos consumidores antes que
realmente ciudadanos. Y un tercero que nos dice que la mezcla entre las
situaciones, antes nombradas, ha perjudicado la identificación de la
subjetividad con la identidad nacional. Hoy no está claro qué significa ser
chileno, lo que contribuye claramente a la desvinculación de lo colectivo. Lo nombrado lo podemos encontrar
en un estudio realizado por el PNUD, el año 2002, donde el 52% de los
encuestados plantean que es difícil decir que es lo chileno. Esto responde a
que el imaginario de ser chileno está fragmentando porque no existe una
concordancia entre el discurso oficial y lo que se vive en la práctica: “los
jaguares de América Latina, el país más desarrollado de América del Sur, pero
¿jaguares de qué? La marginación política y económica que afecta a una gran mayoría
provoca que el discurso oficial se quiebre, y con ello se fragmenta también el
imaginario social” (García, Carolina: Los desafíos de la formación ciudadana y
la cohesión social frente a la des-subjetivación del sistema, página 341).
El quiebre de lo
colectivo y del sentido de identidad, también lo podemos encontrar en el mismo
estudio del PNUD, que plantea que en Chile, existen tres experiencias de lo que
es ser Chileno, el primero un Chile orgulloso, que representa al 32% de la
población, y que considera que lo chileno está en la tradiciones y en la
historia del país. Pertenecen a sectores socioeconómicos acomodados y tienen
altos índices de educación y por tanto sienten que forman parte de los espacios
de participación social, económico y político, y de un colectivo caracterizado
por los valores propios de la llamada chilenidad. La segunda experiencia es el
chileno inseguro que representa al 38% de la muestra y cree que hoy es difícil
decir que es chileno, pertenecen a los sectores medios con educación superior
(técnica o universitaria), con salarios más bajos y permanentemente inseguros
de perder su trabajo y eso provoca, que pese a que no se sienten marginados del
sistema, no confían en los espacios de participación que les ofrecen, ni creen
en la existencia de una comunidad nacional, Por último existe el chileno
molesto que representa el 30% de la muestra y que cree que lo chileno no
existe. Pertenecen a estratos socioeconómicos más bajos de la sociedad,
presentan los menores índices de escolaridad y se manifiestan molestos con el
sistema porque sienten que nada ha cambiado, que todo sigue igual de mal que
siempre. Se sienten marginados de los espacios de participación política y
económica, creen que son los grandes perdedores del sistema, que nada les
ofrece seguridad y que solo pueden vivir pendientes del presente porque no
pueden proyectarse a futuro.
En el escenario
antes nombrado, la escuela tiene la misión de crear ciudadanos participativos y
comprometidos, en un contexto fragmentado, sin vínculos sociales profundos y
caracterizado por una participación política y económica restringida, donde la
gran mayoría, especialmente los más desposeídos, esta marginada. A este desfase
se suma el hecho que la misma escuela se encuentra bajo la marginación y la
mercantilización que afecta al sistema educativo. En primer lugar, porque los
actores del sistema escolar han sido permanentemente marginados de la toma de
decisiones que afectan nuestro quehacer, la reforma educacional y su
posteriores modificaciones se han hecho prácticamente puertas cerradas y sin consultar el parecer
de sostenedores, directores, profesores ni menos a los alumnos, siendo el
ejemplo más claro de la participación restringida sobre la que se ha construido
el actual sistema democrático, donde la teoría nos habla de la formación de
ciudadanos participativos, críticos, comprometidos pero que a la vez no existen
espacios para aquellos ciudadanos que estamos supuestamente formando.
Si sumamos la
mercantilización, que ha seguido
fragmentando cualquier intento que generar un ideal colectivo, trasformando la
educación en un bien que se transa en el mercado y no un derecho que puede
generar cohesión social, y la consecuencia directa es la segregación en el
sistema escolar, con una educación cuya calidad, está asociada directamente al
nivel socioeconómico de los estudiantes, aquellos que pueden pagar son los que
reciben una educación de mejor calidad, lo que se traduce, en que cada año que
pasa, se ha ido aumentando la desigualdad y la falta de equidad del sistema.
Pero lo más
perjudicial, para formar verdaderos ciudadanos, como lo completaba la reforma,
es que al ser la educación concebida como como un servicio y no un derecho, ha
provocado, que a partir de los resultados de pruebas estandarizadas, como el
SIMCE, se termina por catalogar a las escuelas buenas, las que obtienen buenos
resultados y por lo tanto tienen cabida en el sistema y las escuelas que
obtienen bajos resultados, y por lo tanto quedan marginadas del sistema, aquí
está la dicotomía entre teoría y realidad, a la escuela se le pide que forme
ciudadanos integrales que el sistema necesita, es decir: “con las competencias
necesarios para enfrentar los desafíos de la sociedad del conocimiento, y las
habilidades y actitudes necesarias para desarrollar el compromiso democrático
que el sistema necesita, sin embargo, la eficacia de la escuela queda reducida
a los resultados de las pruebas estandarizadas, son considerar el rol formativo
que desempeña.”(García, Carolina: Los desafíos de la formación ciudadana y la
cohesión social frente a la des-subjetivación del sistema, página 343). Es por
eso que debemos recalcar que la formación ciudadana debe apuntar al
fortalecimiento de la cohesión social que debe enfrentar el desafío de formar
ciudadanos participativos en una sociedad mercantilizada, des-subjetivada,
despolitizada, donde los ciudadanos comunes y corrientes, especialmente lo más
pobres, están marginados tanto de la toma de decisiones, como del sistema
económico y estudian, además en escuelas que son marginadas sin siquiera
considerar el esfuerzo que hacen por sacar adelante a sus alumnos.
En el escenario,
bastante complejo, por lo decir menos, los nuevos desafíos de la educación
deben apuntar a solucionar las falencias antes ejemplificadas, porque la
educación, hasta hoy en día, es considerada la política pública por excelencia
dirigida hacia los niños y los adolescentes. Por los planteamientos antes
señalados, la institución escolar debe reestructurarse para el logro de sus
objetivos: “al sistema escolar le corresponde facilitar los instrumentos de
inserción en la sociedad más amplia. A la vez es responsable de aportar a las
sociedades para su inclusión en el desarrollo mundial. El rol de la
educación se cumple cuando se constituye
en uno de los espacios fundamentales para la formación personal, social, ética,
ciudadana de individuos y grupos. Tiene un papel crítico en la formación del
capital humano y cultural durante el desarrollo y es un campo importante para
la elaboración de la identidad y del sentido de vida” (Krauska, Dina: Los
nuevos desafíos de la educación en el desarrollo juvenil, página 1).
La construcción de
la identidad se favorece cuando los esfuerzos por lograr la incorporación
social van acompañado del reconocimiento social positivo y un locus de control
interno, este último entendido como: “el conjunto de destrezas y habilidades
que permiten anticipar y preveer consecuencias en la toma de decisiones, por lo
que la persona que ha desarrollado estas capacidades y posicionamiento personal
considera que sus propios acciones son un factor importante de los que ocurra
en la vida”
(Krauska, Dina: Los
nuevos desafíos de la educación en el desarrollo juvenil, página 1). Así cuando se fortalece la identidad con
un sentido positivo, cuando las personas se encuentran en su fase juvenil,
tienen la oportunidad de estar involucrados en servicios de la comunidad pueden
desarrollar sus propias puntos de vista en estos ámbitos, esto es porque la
persona adolescente puede reflexionar,
volver la mirada sobre su propia forma de pensar y ser, así como sobre la de
los demás, en la adolescencia existe interés por nuevas actividades, emerge la
preocupación por lo social y la explotación de capacidades personales en la
búsqueda de la autonomía, el amor y la amistad. Si en cambio, la identidad se
construye de modo confuso, incompleto, parcial, con sentimientos de
desvalorización personal, la vulnerabilidad será mayor.
Uno de los
paradigmas a resolver es el problema de la exclusión y el principio de la
equidad. Porque en la discusión sobre la educación existe un consenso básico
que debe contribuir a la construcción de la equidad, ya que cuando el sistema
escolar se encuentra inserto en estrategias que corresponden a políticas de
desarrollo social excluyente, esto contribuye a fortalecer la exclusión
juvenil, donde los grupos menos favorecidos, en un sistema excluyente, genera
un amplio sector juvenil, marginado, sin mayor preparación para los cambios
culturales y las exigencias laborales, condenados a llevar en si una identidad
negativa y una vida marginal. Y donde los grupos más privilegiados van a
colegios privilegiados, donde tiende a: “instrumentarse la propuesta moderna
individualista, competencia, tecnología”. (Krauska, Dina: Los nuevos desafíos de
la educación en el desarrollo juvenil, página
5).
En el análisis
desarrollado hasta aquí, nos lleva a la conclusión de un urgente
replanteamiento del sistema educativo, el cual lo podemos encontrar en el
encuentro Internacional sobre juventud, educación y empleo en Iberoamérica en
1997, se hicieron lineamientos a trabajar con los jóvenes:
“1.- La necesidad
de que el sistema educativo deje de ser un factor que prácticamente bloquea la
equidad Un sistema único, al no atender las diversidades, incrementa la
discriminación y la desigualdad de oportunidades, en lugar de democratizar.
2.- El sistema
educativo, responde culturalmente más a planteamientos de la clase media que a
las necesidades y culturas de los distintos grupos que componen la población en
América Latina. La respuesta a la actual situación, es el desarrollo de
sistemas educativos plurales que cuenten con estrategias sustitutivas y
complementarias
3.- Para romper la
exclusión, es necesario lograr la permanencia de la juventud y apoyar su
reinserción en el sistema educativo formal. Para ello se requiere de una
readecuación de la calidad de la enseñanza que supere la carencia de respuestas
satisfactorias que presentan los sistemas actuales y desarrollen estrategias
que logren motivar y generar condiciones para la reinserción juvenil.
4.- Permitir el
logro de las competencias básicas, los saberes instrumentales y la creatividad.
Cabe destacar entre los aspectos
formativos, el desarrollo de la capacidad permanente búsqueda de aprendizajes y
de saberes, los aspectos innovativos, como la capacidad de proponer y
relacionarse con el mundo en una coexistencia y propuestas en relación con la
diversidad, el desarrollo personal, en él se destacan también aspectos
psicológicos, como la confianza, la autoestima, la autoimagen
5.-Fomentar la
ciudadanía. Es necesaria una revalorización del posicionamiento de la juventud
dentro de la sociedad. Dejar de ver a los estudiantes como las personas a las
que se llama a dar respuesta, pero no se les llama a tomar decisiones. En este
sentido, el modelo educativo también debe responder a un nuevo paradigma en
relación a su relación con la juventud, que reconozca la exigibilidad de los
derechos y fomente la responsabilidad que ellos conllevan”. (Krauska, Dina: Los
nuevos desafíos de la educación en el desarrollo juvenil, página 8)
En consecuencia
cabe dejar de ver a los estudiantes como objetos de insumo de conocimientos y
de control para valorar su subjetividad y establecer una nueva relación
adulto-joven, en que prevalezca el acompañamiento, el estímulo positivo y la
formación. La valorización y visibilización del aporte de niños, adolescentes y
jóvenes, promueve relaciones intergeneracionales con mayor compenetración, más
acorde con la sociabilización moderna y favorecen un enfoque de derechos
humanos. Las personas en la fase juvenil requieren ser legitimadas como sujetos
de derechos y responsabilidades, ser así visualizados como seres integrales
de ciudadanía, con capacidad de ser
actores sociales y capital humano del
desarrollo. Para lograrlo la educación debe lograr desafíos como evitar la
deserción, lograr la permanencia satisfactoria de los y las estudiantes y en
muchos casos la reinserción. El modelo debe propender a la construcción de la
ciudadanía, el desarrollo en equidad y la formación con perspectivas de
desarrollo autónomo, productivo y satisfactorio.
Viendo nuestra
realidad inmediata y desde el punto de vista curricular Chile, ha realizado
esfuerzos con el propósito de promover la formación ciudadana en la niñez y la
juventud, con el objetivo de superar las graves omisiones heredadas del
gobierno militar. Los cambios curriculares apuntaron a reforzar e incorporar
una serie de contenidos relacionados con la democracia y los derechos humanos y
además, desarrollar algunas importantes habilidades y actitudes en los
estudiantes. Destinada a favorecer y fortalecer aquellos principios y valores
fundamentales asociados a estas temáticas. Con el propósito claro de: “llevar
al aula esta nueva forma de entender la formación ciudadana, se incorporan
nuevos conocimientos, habilidades y actitudes en la asignatura de historia y
geografía. La razón fue que en ella existían objetivos coherentes al marco de
valores que debían inspirar a las personas del Chile Contemporáneo, buscando que
el estudiante valore el pluralismo y logre desarrollar una actitud positiva
hacia la participación ciudadana, mediante la incorporación de conocimientos y
habilidades asociadas, como el fomento del desarrollo del pensamiento crítico e
independiente, la incorporación de metodologías orientadas a las discusión
grupal, la promoción de resolución de problemas y el análisis de casos
concretos, mediante el análisis, la demostración y la argumentación, y la
utilización de gran variedad de materiales de aprendizaje”(Muñoz Labraña,
Carlos: La formación ciudadana en la escuela problemas y desafíos, página 235).
Pero este marco curricular, también adolece de un gran problema, cae en lo que se designa como arena de la
formulación, porque, lo que sucede en el aula no es lo que, a veces,
manifiestan los programas de estudio y las normativas oficiales, lo que quiere
decir que entre el plano de la formulación (documentos oficiales) y lo que en
el aula, existe una serie de acciones e instrumentos de mediación que operan como
verdaderos filtros, que terminan por modificar la propuesta curricular
original. Este plano es conocido: “arena de la transformación, porque será en
torno al aula donde el profesorado concretizará, en mayor o menor medida, las
indicaciones oficiales. En esta última donde los estudiantes tienen mucho que
decir” (Muñoz Labraña, Carlos: La formación ciudadana en la escuela problemas y
desafíos, página 236).
Un estudio, que
busco conocer la percepción de los estudiantes Chilenos, en relación a la
formación ciudadana, en un trabajo en que se agrupo en dos grandes categorías,
en el primero se agrupo a las percepciones del estudiando vinculados a la
formación ciudadana. Y el segundo da cuenta de los principales, problemas y
desafíos que se desprenden del discurso de los estudiantes y para el
profesorado de la especialidad.
La primera gran
conclusión que se llegó, es que es una formación no explicita, a pesar que la
formación ciudadana, está claramente inserta en el currículo nacional, el
estudiante percibe que esta no ha sido recibida de manera explícita, ni
intencionada en las actividades que cotidianamente realizan en el escuela,
puesto que en general se dedican, a escribir largas listas de contenidos que en
su mayoría, deben memorizar y que culminan con el desarrollo de un
cuestionario, cuyas preguntas realiza el profesor. Como también una formación
que se yuxtapone con sus intereses, porque la falta de contextualización de las
actividades en torno a un eje que favorezca la formación ciudadana del
estudiante, y por lo tanto, su inserción plena en la sociedad hace que el
alumno yuxtaponga sus intereses con los de la sociedad. De esta manera se
levantan dos bloques que no dialogan ni se interrelacionan, porque por una
parte están sus intereses y por otro muy distinto, los intereses de la
sociedad: “los alumnos no realizan el puente, el enlace que les permita
comprenderse como miembros de una sociedad, lo importante es concretar los
anhelos personales, más que los del grupo, de la transcendencia de cumplir sus
legítimas aspiraciones, más que los de la sociedad, de lograr un bienestar
personal…..de adquirir sus bienes materiales, más que los de la sociedad, de
cuidar el mobiliario familiar, más que el mobiliario público que utilizan a
cada momento y la importancia del capital financiero, más que del capital
social. En fin, hablan desde sí y para sí” (Muñoz Labraña, Carlos: La formación
ciudadana en la escuela problemas y desafíos, página 239). Lo que demuestra el
excesivo individualismo con que los sujetos en nuestra sociedad encarnan los
problemas cotidianos. Donde ven a la formación ciudadana de manera de manera
prescriptiva y factual y no la relacionan con el desarrollo de ciertas
habilidades ni menos actitudes vinculadas al aprender a vivir en sociedad. las
llamadas virtudes cívicas, asociadas a ciertos valores morales, como la
libertad, el respecto, la tolerancia y la justicia, son vistas desde un punto
de vista individual, de esta manera, se produce un ocultamiento de las
responsabilidades conjuntas y compartidas, de la corresponsabilidad y de la
participación en lo público.
Se debe ampliar el
concepto de ciudadano, porque el estudiante homologa el concepto de ciudadano
al de elector y nada más, el ciudadano elector con una óptica eminentemente política y legal y electoral,
sin ir más allá, de esta manera el voto se constituye como un puente entre la
ciudadanía y la sociedad mas no se su sociedad: “un punto de confluencia entre
las opiniones individuales de los ciudadanos-electores y un ideario etéreo de
sociedad, de la que no se sienten participes. A tal punto que cuando se
refieren a ella, lo hacen siempre como algo paradójicamente ajeno a si
cotidianidad y vivencia personal” (Muñoz Labraña, Carlos: La formación
ciudadana en la escuela problemas y desafíos, página 241). Al asociar el voto a
una opinión personal, los estudiantes establecen una relación de uno a uno, que
hace que en la contienda electoral logra
triunfar quien tiene más un entorno a su persona y no aquella persona candidata
que logra concitar adhesión en torno a
un proyecto de sociedad. Por lo tanto, en esta opción el estudiante, prioriza
por sus proyectos personales, dejando de lado para otros o para más adelante la
opción de pensar en la sociedad que quieren vivir. Pensar en su sociedad se
convierte, entonces, en una opción de futuro, de un futuro que quizás no podría
llegar.
Los hallazgos de la
investigación confirman la distancia que existe, en materia de formación
ciudadana, entre el currículo formulado y el ejecutado. Esto, porque si bien el
currículo preescrito, a través de los programas de estudio, propicia y propone
al profesorado la enseñanza de ciertos conocimientos, habilidades y actitudes
ciudadanas, en la práctica el personal docente no los incorpora en el aula, con
una mirada ciudadana. Lo anterior hace que la escuela aparezca ensimismada en
una lógica más bien disciplinar, en donde los contenidos tienen validez en
tanto son prescritos curricularmente para ser enseñados en forma individual,
pero no desde su valor de uso en el contexto social, al que los propios
profesores y estudiantes pertenecen y en el que la escuela está inmersa.
Esto trae, como
consecuencia, que los estudiantes yuxtapongan sus legítimos intereses con los
de la sociedad, contradiciendo así los objetivos que persigue la formación
ciudadana en el sistema escolar, que busca que la escuela sea un espacio donde
los estudiantes aprendan a vivir en sociedad, más allá de los contenidos
preescritos en el currículo de formación.
La tarea es
compleja, porque no solo se trata de efectuar una adecuada cobertura curricular
de los contenidos vinculados a la temática ciudadana, sino que también de
ofrecer al estudiantado la oportunidad de vivir en la escuela los principios y
valores vinculados a ella. Asumir este desafío implica revisar y enfrentar de
manera distinta la transposición didáctica de todos los contenidos de enseñanza
y no solo de aquellos vinculados directamente a la formación ciudadana. También
implica hacer del aula un espacio de trabajo donde el respeto, la tolerancia,
la participación, la colaboración, la inclusión y la posibilidad de tomar
decisiones conjuntas e informadas constituyan experiencias y vivencias
cotidianas por parte del estudiantado y no solo conceptos a ser aprendidos en
forma memorística, como también de las oportunidades de aprendizaje realmente
ofrecidas, del rol y el nivel de participación estudiantil y del profesorado,
del uso de fuentes variadas y de la posibilidad de llevar al aula un
conocimiento inacabado y en permanente revisión.
Los resultados obtenidos
también sugieren que, a pesar de los esfuerzos ministeriales realizados durante
las últimas décadas, los grupos de estudiantes siguen vinculando la formación
ciudadana casi exclusivamente al ámbito político, lo que si bien es coherente
con el enfoque minimalista, se contrapone al enfoque maximalista que se
promueve desde el currículo escolar, retrotrayendo la situación al currículo
promovido durante la dictadura. Vincular la formación ciudadana de manera
exclusiva a lo político es promover la formación de una ciudadanía que no es
capaz de vivir ni reconocer la importancia de su presencia y actuación en otros
ámbitos tan importantes como el social, el económico, el cultural y el
espiritual. También es pensar en lo político como la única y casi exclusiva
forma de participación en una sociedad, es considerar al ciudadano como un
elector más bien pasivo que concurre cada cierto tiempo a sufragar, es promover
una democracia representativa más que participativa, es valorar el capital
electoral por sobre el capital social; en fin, es pensar que la vida de un
ciudadano o ciudadana se inicia y se acaba en lo político, en lo electoral y en
lo legal, en consecuencia que somos parte de aquellos que piensan que un buen
ciudadano es quien es capaz de vivir con las otras personas y junto a ellas, en
un espacio de construcción colectiva y cooperativa que llamamos sociedad.
El posicionamiento
que debe hacer la escuela y sus desafíos deben estar orientados a los
siguientes ejes, primero que todo tomando en cuenta la carta democrática
interamericana que en un punto nos dice: “Las actividades para promover la
democracia deberían tomar en consideración los puntos de vista y opiniones de
la juventud, lo cual respeta el derecho de participación de los niños y los
jóvenes, mejora la calidad e impacto de la formación ciudadana y fomenta un
mejor diálogo intergeneracional”( Morales Garza, Sofía Leticia: Fortalecimiento
de la democracia en las Américas a través de la educación cívica, página 3). La
importancia del paso por la escuela es que nos incorpora a una sociedad
democrática, y al hacerlo, contribuye a crear esa sociedad democrática.
Entendiendo que en nuestras sociedades democráticas la educación obligatoria,
debe ser la experiencia social llamada a reconocernos como iguales en cuanto a
ciudadanos, pese a nuestras diferencias. Este aprendizaje transforma a los
individuos en ciudadanos y al hacerlo, recrea, reproduce transgeneracionalmente
la democracia.
Lo que debemos
entender es que la democracia, es una construcción colectiva, que nos este momento de la historia nos permite
concebirnos como ciudadanos de una misma de una misma polis, unidos por un
interés general definido entre todos y que debe ser cuidado por todos: “en
democracia hay ciertos aspectos de mi vida que son responsabilidad de todos y
ciertos aspectos de la vida de los demás por lo que yo tengo responsabilidad y
por lo tanto, la relación educación-democracia tendrá estas dos caras,
comunicar este legado que nos es común y formar a los ciudadanos capaces de
cuidarlo y acrecentarlo”( Garcia-Huidrobo,
Juan Eduardo: Educación inclusiva y democracia, página 2). Bajo aquella
realidad la educación democrática debe ser un espacio donde todos los
ciudadanos se encuentren y se reconozcan como iguales, al incorporar a nuevos ciudadanos
y ciudadanas a la democracia, le enseña la democracia y crea más democracia.
Ahora está claro
que esta construcción democrática choca con una sociedad individualista que un
rasgo característico del mundo contemporáneo. Individualismo que es empujado, a
nivel mundial, por una globalización neoliberal, en que priman los mecanismos
mercantiles que atienden los intereses particulares y con ciegos para
visualizar procesos colectivos: “la globalización de los mercados y su impacto
disolvente sobre la cohesión social y la democracia debe ser contrastado por
unas nuevas formas de solidaridad que tienen su fundamento moral último en la
fraternidad, entendida como principio universal que abarca no solo a la especie
humana” (Garcia-Huidrobo, Juan Eduardo: Educación inclusiva y democracia
página 5).
Por lo tanto uno de
los primeros paradigmas, la educación de la ciudadana, es aquello que nos
asegure ser una experiencia democrática, la cual la podemos describir como: “la
convivencia con los distintos a mí, bajo reglas de igualdad. El niño sale del
ámbito privado y protegido de la familia y es tratado en le escuela como uno
más de un grupo. El meollo de esta experiencia es que los distintos son
tratados como iguales, su enseñanza democrática es doble, por una parte la
experiencia escolar señala que más allá de nuestras diferencias somos iguales
en dignidad y derechos, por otra parte, que esta igualdad de derechos se
produce por una común pertenencia a una comunidad política, la que nos hace ciudadanos. Así la escuela incluye
al niño en el ámbito de lo público y, al mismo tiempo, contribuye a crear lo
público” (Garcia-Huidrobo, Juan Eduardo: Educación inclusiva y democracia,
página 4-5)
Lo cual se traduce,
que esta exigencia de igualdad, se traslada a dos niveles de la educación,
nivel institucional o sistémico, se refiere a la arquitectura, organización y
regulación de los sistemas educativos y a nivel curricular donde se busca que
todos los nuevos ciudadanos y ciudadanas compartan la cultura y los valores
nacionales y logren el dominio de un conjunto de saberes y habilidades que se
juzga necesarios para vivir en sociedad.
La primera
exigencia, entonces, para los sistemas educativos y de la escuela por
consiguiente, es la igualdad, ello es difícil, pero debe ser el norte
democrático por excelencia. Es en las escuelas donde se debe centrar el sistema
educativo: “la escuela requiere de la mixtura social, si la sociedad
democrática se constituye en el encuentro y la convivencia de los distintos en
el plano mutuo de reconocimiento, como iguales, la escuela, para ser el espacio
de esta experiencia común, debe ser capaz de incluir a esos distintos en su seno” (Garcia-Huidrobo, Juan
Eduardo: Educación inclusiva y democracia, página 7). El respecto democrático
acepta las diferencias.
Es aquí donde se
privilegia un régimen público, para hacer ver que aunque se mantenga un sistema
escolar donde coexisten diferentes tipos de escuelas, todos deben tratar a sus
estudiantes como ciudadanos y no como clientes.
La otra dimensión
que se debe trabajar en la escuela, es el currículo, donde a través de él: “se
realiza una selección natural con propósitos formativos, que organiza la
trayectoria de alumnos y alumnas y que, en los contenidos, esquemas mentales,
habilidades y valores que contribuye a comunicar, es un regulador mayor de su
experiencia futura… La sociedad al seleccionar el currículo está decidiendo lo
que quiere ser, al trazar el desarrollo personal de los estudiantes y las
características de sus procesos de aprendizaje, está definiendo su fisonomía en
lo productivo, lo político y la convivencia social. El currículo es expresión
del saber que se considera socialmente necesario” (Garcia-Huidrobo, Juan
Eduardo: Educación inclusiva y democracia, página 8-9).
La formación
ciudadana, desde la perspectiva democrática, es entendida con un acto de
convivencia, una condición que se ejerce en cooperación con otros y otras,
implica su reconocimiento como una: “práctica para la libertad en una sociedad
democrática” (Echeverry Velásquez, Martha Lucia: Formación ciudadana y escuela
una mirada desde la ciudadanía democrática, página 2). Por lo tanto hace al
ciudadano, un sujeto portador de derechos y responsabilidades y que lo faculta
para su participación en la conformación, el ejercicio y el control del poder
político, dada su pertenencia a una nación.
Debemos pasar de
una ciudadanía pasiva: “en la cual el ejercicio de derechos y deberes no está
presente, se acepta de forma sumisa y resignada el ordenamiento social e
institucional y se naturalizan las implicancias del mismo, así vulnere derechos
fundamentales o impide el desarrollo de capacidades básicas de sus propios
ciudadanos” (Echeverry Velásquez, Martha Lucia: Formación ciudadana y escuela una mirada desde
la ciudadanía democrática, página 3). A una ciudadanía activa que implica: “en
cuanto a derechos y responsabilidades, que se expresa en prácticas vigilantes y
de control frente al actuar del Estado y el mercado, y en acciones responsables
dirigidas al bienestar público, lugar al que concurren todos aquellos que
propugnan por el bien común y el interés general” (Echeverry Velásquez, Martha
Lucia: Formación ciudadana y escuela una mirada desde la ciudadanía
democrática, página 2-3).
Es aquí donde
entramos a visualizar y desmitificar la apatía juvenil, porque los jóvenes,
según estudios, ven aspectos centrales de que ellos entienden por ciudadanía,
según los estudios que nos dijeron que los jóvenes como actores del proceso
democrático pueden intencionar su actuación en tanto sujetos participativos y
con voz al interior de la sociedad civil, indican que poseen una visión y
aspiraciones de ciudadanía y que se comprometen en diferentes tipos de
participación social, o sea, un retrato diferente de la supuesta apatía por
asuntos cívicos que se les atribuye a partir de las cifras de baja inscripción
electoral.
Para los jóvenes la
ciudadanía, estaría configurada por:
“a) La pertenencia
a un grupo, sociedad o país: los jóvenes refieren prejuicio y discriminación
hacia ellos, su imagen y su cultura, situación potenciada por los medios de
comunicación que difunden aspectos negativos de las movilizaciones que
efectúan, son valorar la contribución positiva de su acción. Los jóvenes
aspiran a una cultura comunitaria que valore la pertenencia.
b) Los derechos
económicos y sociales: como la equidad de oportunidades (son discriminación
económica) en el acceso a educación, salud, vivienda, justicia, seguridad
ciudadana, recreación, entre otros, que significan verdaderamente libertad de
elegir y respeto a los derechos sociales. Desde esta perspectiva, los jóvenes
denuncian la discriminación existente y la hegemonía del dinero para determinar
las oportunidades y la vulneración de derechos en algunos grupos de la
sociedad. Perciben clases sociales marcadas que conllevan creencias de
superioridad o privilegios del adinerado, vulnerando los derechos de aquellos
que se encuentran en situación de pobreza (jornadas de trabajo y
remuneraciones)
c) Opinar,
disentir, tomar decisiones y participar en el logro de metas comunes: generando
cambios a través de la participación. Concordante con los hallazgos, los
jóvenes adscriben a una ciudadanía activa que valora la responsabilidad de
informarse, la deliberación de los ciudadanos y la participación en la toma de
decisiones, con voz en asuntos públicos y poder de influencia a diferentes
niveles del agregado social. Ellos manifiestan la importancia de que su voz sea
tomada en cuenta y rescatan la importancia de mantener la capacidad de lucha
participando en organizaciones, a modo de ejemplo mencionan la revolución
pingüina, como una búsqueda emblemática de igualdad en la calidad de la
educación. La movilización de los estudiantes visibilizó el problema de la
calidad de la enseñanza en la agenda pública y se escucharon inicialmente sus
demandas, pero, en su visión, este proceso los excluyó en la toma de
decisiones. Los jóvenes reclaman la falta de poder real del os ciudadanos,
particularmente del segmento joven y de aquellos económicamente desaventajados.
Así, una gran deuda pendiente es la participación influyente, cuyo objetivo
debe ser la defensa de los intereses de la mayoría y la búsqueda de equidad
social” (Silva, Carmen: Los jóvenes, reflexiones para una política de formación
ciudadana juvenil, pagina 2-3)
Esto indica, que
para los jóvenes, el concepto de ciudadanía recoge una aspiración por la
igualdad de acceso e integración social. Asimismo, confirma la percepción de
los jóvenes de no ser considerados o entendidos por el mundo adulto, y su
aspiración de una ciudadanía plena que los refleje e integre también a ellos.
Esta percepción se correlaciona con la visión optimista de atribuirse
posibilidades de éxito en los proyectos de vida, a través del esfuerzo y los
objetivos que se han propuesto, valorando las oportunidades y los derechos
civiles, políticos, económicos-sociales y culturales existentes. La pobreza
también es vista como una carencia que provoca una pérdida de la integración
social.
El que los jóvenes,
asuman un tipo de ciudadanía, que podríamos llamar multidimensional, nos
plantea enormes desafíos para la formación ciudadana, la cual debería
enfocarse, para su implementación en la escuela, recogiendo las nuevas
realidades tanto en el plano de cambios internacionales y nacionales
(globalización, neoliberalismo identidades
no partidistas, nuevas organizaciones para la movilización de la acción
colectiva, estrategias no convencionales de acción política)
La propuesta de
formación ciudadana, atendiendo a la realidad que estamos viviendo, debería
ser:
“Parte de reconocer
que si un Estado social de derecho tiene como presupuesto ético-político la
urgente necesidad de definir un ideal común de justicia que provea a los
ciudadanos de un conjunto de derechos y pautas normativas de propicien la
expresión del pluralismo y la participación activa de los ciudadanos, por lo
tanto los programas de participación ciudadana deben definir explícitamente lo
siguiente:
- Reconocer la
justicia como la primera virtud de las instituciones políticas y sociales
- Avanzar en la
fundamentación pública de una concepción de la justicia que sea reconocida por
todos los actores sociales, como marco de regulación de la sociedad.
- Afianzar la
capacidad de agendar las asociaciones a organizaciones y movimientos sociales,
para definir colectivamente unas reglas de juego que aseguren la coexistencia
de la pluralidad, alrededor de la construcción de un proyecto colectivo
-Fortalecer la
creación y desarrollo de redes sociales que aglutinen diversas organizaciones
sociales y promuevan acuerdos programáticos entorno a intereses de carácter
colectivo.
- Promover un
conjunto de virtudes cívicas, como la tolerancia, la autonomía, el dialogo, la
razonabilidad, la cooperación y la equidad entre otras, como plataforma para la
configuración del sujeto político.
- Favorecer la
participación ciudadana como expresión e integración de la cultura local y el
desarrollo de la ciudadanía en la esfera pública”. (Delgado, Ricardo:
Interrogantes en torno a la formación ciudadana de las competencias ciudadanas
y la construcción de lo público, pagina 8-9)
Otro desafío a
implementar es la necesidad de explicitarlas dimensiones en las que, en este
contexto renovado de la política y la ciudadanía, se despliegan los procesos de
formación de las competencias ciudadanas.
Aquí se debe considerar
que: “los presupuestos ético-políticos que fundamental a una sociedad
democrática requieren constituirse paulatinamente en repertorios culturales, en
gramáticas colectivos, a través de procesos formativos, para ser traducidos en
conocimientos valores, normas y prácticas” (Delgado, Ricardo: Interrogantes en
torno a la formación ciudadana de las competencias ciudadanas y la construcción
de lo público, página 9), donde se debe
apuntar a:
-“La compatibilidad
de las competencias ciudadanas con el pluralismo político, social y cultural.
La consolidación de nuevas identidades colectivas y políticas diversas debería
ser comprendida como una expresión del pluralismo razonable propio de las
sociedades democráticas, lo cual demanda del ciudadano o ciudadana la capacidad
de identificar y reconocer múltiples universos simbólicos de lo político, pero
al mismo tiempo reclama la capacidad de evaluación y análisis de los criterios
de racionalidad, que sustentan las diversas concepciones de bien colectivo que
caracterizan a estas nuevas expresiones de la política
- La consistencia
de las competencias ciudadanas con los principios de los derechos humanos y los
valores democráticos. La definición de las competencias ciudadanas de manera
consistente con los principios de los derechos humanos y los valores
democráticos se constituye en un imperativo ético-político en un estado social
de, en la medida en que debe encarnar dentro de sus componentes los valores de
la autonomía, libertad e igualdad como referentes de los ideales de justicia
social y como plataforma normativa de la esfera pública en donde tiene lugar la
acción colectiva.
- La
correspondencia de las competencias ciudadanas con los ideales de justicia y
equidad. Los procesos de formación de las competencias ciudadanas deben
reconocer que las renovadas expresiones de la acción política de los
movimientos sociales se orientan hacia la exigencia de unos mínimos de justicia
que actúen como marco fundante y ordenador de la estructura básica de una
sociedad, es decir, de las instituciones democráticas, permitiéndole al
ciudadano o ciudadana definir unos propósitos colectivos que todos compartimos
y respaldamos, y sobre los cuales converjan las diversas acciones y
argumentaciones en la esfera pública.
- La vinculación de
las competencias ciudadanas con el actuar reflexivo y razonable. Esto supone,
por parte de las y los ciudadanos y de sus asociaciones, en primer lugar la
reflexividad o capacidad reflexiva para tomar distancia respecto a las
formulaciones de sus creencias morales e ideológicas, siendo conscientes de la
falibilidad de las mismas, la cual les permite estar abiertos a reconocer otros
lenguajes y argumentos que pueden incorporar a sus marcos de comprensión y
desde ahí generar una actitud o disposición abierta para revisar sus propios
fundamentos de acción y, así, poder construir con otros un conjunto de razones
públicas sobre las cuales se puedan configurar los argumentos, los debates y la
justificación de las diversas acciones colectivas en la esfera pública. En segundo
lugar, el carácter de razonabilidad como condición central del pluralismo
político y como criterio de legitimación del ámbito público hace alusión a la
“capacidad que tienen los ciudadanos para explicarse unos a otros el fundamento
de sus acciones, en términos tales que cada uno pudiera razonablemente esperar
que los demás aceptaran como consistentes en su condición de sujetos libres e
iguales.
-Las competencias
ciudadanas como expresión y realización de la autonomía y del reconocimiento
por el sentido del otro y del nosotros. Los procesos de formación de las
competencias ciudadanas deben partir por identificar tres rasgos que hacen
posible que al ciudadano o ciudadana se le atribuya las cualidades de juez
moral competente para participar en la esfera pública, como son: la autonomía,
la dignidad y el reconocimiento, cualidades que facultan al sujeto para
discernir, distinguir y juzgar la relación entre lo posible en un sistema
social y político y lo deseable desde el punto de vista normativo de la justicia,
lo que implica y demanda a las y los ciudadanos y a sus colectivos el asumir
como criterios ordenadores de lo social los principios de libertad, igualdad y
equidad. Así, éstos se constituyen en los valores rectores desde los cuales
pueden las y los ciudadanos y sus asociaciones juzgar a las instituciones,
organizaciones e individuos respecto a la atención y cumplimiento de sus
demandas y requerimientos como sujetos de derechos. De igual manera estos
principios operan como referentes para ponderar las consecuencias previsibles
de sus acciones en relación al bien público y a la convivencia ciudadana como
expresión del sentido del “nosotros”.
- La relación de
las competencias ciudadanas con la cooperación y coordinación entre grupos
sociales heterogéneos. Las renovadas expresiones del ideal democrático que
toman forma en las nuevas manifestaciones de la acción colectiva de los actores
sociales, deberían estar orientadas hacia la definición de un ideal de bien
colectivo más englobante que cualquier sumatoria de bienes privados o aislados.
Esto es posible si se asume la sociedad como un sistema justo de cooperación,
lo que exige que las diversas acciones políticas que se agencien desde los
distintos movimientos sociales, orienten su ejercicio de participación sobre la
base del imperativo cívico que encierra el bien público; haciendo comprender a
los asociados lo que tienen en común, y convocándolos a un debate creativo
sobre la definición de reglas e instituciones políticas y sociales que los
regule en sus relaciones de intercambio y cooperación”. (Delgado, Ricardo:
Interrogantes en torno a la formación ciudadana de las competencias ciudadanas
y la construcción de lo público, página 10-11)
La descripción de
las anteriores dimensiones que, en nuestro concepto, demarcan el horizonte y
los elementos que conllevan los procesos de formación ciudadana en este
contexto renovado de la política y la ciudadanía y que muestran sus diversos
atributos, nos lleva a reconocer que si bien la noción de competencia ha tenido
usos muy diversos, generando una gran variedad de significados tanto en el
lenguaje científico como en el ordinario, es posible discernir un limitado pero
sólido centro semántico que se asocia con los términos de “capacidad”,
“habilidad”, “efectividad” y “desempeño”. Lo que supone en esta oportunidad
asumir la noción de competencias ciudadanas como una categoría abarcadora que
encierra aspectos cognitivos, afectivos, actitudinales y motivacionales,
supuestos normativos y morales, relacionales y comunicativos, aspectos que
pueden distribuirse a lo largo de ciertas dimensiones y que, dentro de ellas,
también pueden especificarse algunas habilidades. Por ello cabe preguntarse:
¿Qué capacidades y habilidades requieren ser potenciadas para que el ciudadano
y la ciudadana puedan participar activamente en los procesos de entendimiento
colectivo que encierra la construcción de lo político, de la política y de lo
público?
Teniendo como
referencia los anteriores supuestos normativos y las dimensiones sugeridas,
antes de pormenorizar las capacidades y habilidades a las que se refiere la
pregunta, se hace necesario enunciar los siguientes criterios, los cuales
demarcan el horizonte de asumir las competencias ciudadanas como una
construcción social, en tanto los integrantes de una organización o movimiento
social actúan de manera conjunta para elaborar su marco de acción ciudadana de
carácter colectivo:
- “La reflexividad,
que alude a que las organizaciones y los actores sociales se asuman como
agencias colectivas generadoras y movilizadoras de significación, que persiguen
el objetivo de provocar, impedir o anular un cambio social fundamental.
- La razonabilidad
como capacidad que tienen los actores sociales, organizaciones y movimientos-
para construir con base en su experiencia, marcos de acción colectiva desde
donde explicar, justificar y legitimar unos a otros el fundamento de sus
acciones, configurando discursos que nutren el debate y la cultura pública.
-La agenciación,
que se refiere al reconocimiento de la intencionalidad como capacidad de
autodeterminación para efectuar acciones trasformadoras, convirtiendo a los
actores sociales en agentes de sus propios cambios sociales.
- La sociabilidad,
que reconoce que la acción ciudadana es fuente y expresión de la interacción
social, que conlleva tensiones y conflictos de intereses en el contexto de lo
político y lo público.
Como se puede
apreciar, dichos criterios encarnan factores cognoscitivos, afectivos, morales,
relacionales y comunicativos que configuran el marco de acción colectiva, desde
el cual los actores sociales le imprimen sentido a su acción ciudadana y a los
fines que persiguen, lo cual plantea el cuarto y último desafío a los programas
de formación ciudadana: identificar y proponer las capacidades y habilidades asociadas
con la formación de las competencias ciudadanas, para fortalecer la capacidad
de acción colectiva de las organizaciones como fundamento del fortalecimiento
de lo político-público. Para comenzar a responder a dicho desafío, proponemos
las siguientes.
- La capacidad para
que los actores sociales puedan asumir e interpretar sus problemáticas y
adversidades como injusticias, logrando de esta manera justificar y legitimar
su acción ciudadana colectiva con base en el marco de los derechos
fundamentales.
-La habilidad y
disposición por entender lo que sucede en nuestra propia vida, y en la de
otros, logrando una postura reflexiva y razonable sobre los propios criterios,
valores y creencias y reconociendo los de otros.
-La capacidad de
reconocer y analizar patrones distintos de configuración de intereses
políticos, logrando establecer analogías entre situaciones diversas, con el fin
de negociar y pactar acuerdos de convergencia.
-Las habilidades
para agenciar procesos organizativos de carácter cooperativo asociativo que
promuevan la identidad colectiva, la participación y la promoción de redes
sociales para la acción colectiva pública.
- La habilidad para
escoger medios legítimos de protesta social para lograr fines establecidos,
apreciando así el sentido que encierra la norma como criterio de
autorregulación y como plataforma para la formación de una racionalidad
colectiva pública.
- La habilidad para
desarrollar una orientación social que lleva a confiar en otras personas,
escuchar y entender las posiciones de otros y propiciar acciones de cooperación
e integración grupal.
-Las habilidades de
razonamiento moral para la toma de decisiones y para explicar valoraciones,
preferencias y comportamientos.
-Las habilidades de
negociación y tratamiento de conflictos tanto al interior de los colectivos
sociales como en el contexto de las redes de alianzas.
-Las habilidades
para propiciar, negociar, pactar y reparar acuerdos sociales para la
convivencia.
- Las habilidades
comunicativas y argumentativas que le permitan a los ciudadanos y a sus
organizaciones sociales posesionar y divulgar con una alta resonancia cultural
sus discursos y demandas”. (Delgado, Ricardo: Interrogantes en torno a la
formación ciudadana de las competencias ciudadanas y la construcción de lo
público, página 12-13)
Los resultados de
los estudios permiten no sólo formular desafíos para una política juvenil, sino
también reflexionar acerca de la capacidad de los programas para motivar a los
jóvenes. En lo fundamental, preguntarse si la manera en que se está abordando
la formación ciudadana en Chile contribuye realmente a despertar en niños y
jóvenes el interés por ser ciudadanos activos. El desafío de los programas ha
sido crear ambientes en que niños y jóvenes puedan tener una experiencia de
aprendizaje positiva, en que se practiquen valores, ejerciten habilidades y se
aprendan conocimientos acerca de la ciudadanía. Así, los programas comparten
una práctica participativa e interactiva que enfatiza la idea del aprendizaje
significativo y activo. De esta manera, se privilegia que los temas tratados o
las situaciones representadas sean de interés para los niños, intentando
acercar los contenidos a la realidad en que viven.
Debemos rescatar
también que preocupado por la implantación
de la formación ciudadana, también podemos encontrar, que el poder
legislativo se hace presente, tratando de resolver el tema en cuestión, y es
aquí donde podemos encontrar, un proyecto de ley, iniciado como moción,
presentado por los Senadores Espina y Walker, donde buscan modificar la ley
General de educación, con el objetivo de incluir la asignatura de educación
cívica en, enseñanza básica y media. Apelando a la constitución de la República
de Chile, donde en su artículo número 19, numeral 19, se establece el derecho a
la educación, con el objetivo de la búsqueda del pleno desarrollo de la persona
en las distintas etapas de su vida. Y en el acercamiento a la comunidad señala:
“es deber de la comunidad contribuir al desarrollo y perfeccionamiento de la
educación” (Boletín n°9.227-04, página 1).
Se justificaría la
implementación por ser un derecho consagrado en la Constitución y fortalecido
en el párrafo número 1° del artículo 13 del pacto internacional de derechos
económicos, sociales y culturales, que dispone que los Estados: “convienen en
que la educación debe orientarse hacia el pleno desarrollo de la personalidad
humana y del sentido de su dignidad y debe fortalecer el respeto de los
derechos humanos y las libertades fundamentales. Convienen asimismo en que la
educación debe capacitar a todas las personas para participar efectivamente en
una sociedad libre, favorecer la compresión, la tolerancia y amistad entre
todas las naciones. (Boletín n°9.227-04, página 1). Dejando en evidencia que
existe una relación entre la educación y los valores democráticos de una
nación, donde es necesario generan las herramientas político- democráticas para
incentivar el respeto y promoción de la democracia. Y refrendando que: se hace
necesario atender a una demanda que imperado en diversos sectores del país y
considerar la urgencia de incorporar dentro de la educación escolar, mecanismos
que permitan formar de la mejor manera a los ciudadanos del futuro, fomentando
y propiciando de la mejor manera la participación ciudadana a través de un
ejercicio consciente de sus derechos y deberes. (Boletín n°9.227-04, página 1)
El estudio de los
Senadores deja en claro que es necesario su implementación para un desarrollo
integral de las personas, formando un ciudadano responsable , que conoce el
sistema institucional de su país, al menos como primer acercamiento, para la
formación democrática, generando un espacio de interés de nuestra futura
ciudadanía en el acontecer político-social.
Aquella ley,
debería resolver el problema de la desvinculación ciudadana, donde algunos
autores sostienen que la educación cívica permite el desarrollo de las
habilidades cívicas y el conocimiento de los asuntos públicos favoreciendo el
involucramiento en el espacio democrático, porque la dinámica se daría por una
directa relación en que a mayor instrucción , mayor participación, porque la
instrucción colabora a despertar el interés por los asuntos socialmente
relevantes: “Una sociedad mejor instruida nos permite tener mejores ciudadanos,
y como consecuencia de ello tender al desarrollo integral del
colectivo”(Boletín n°9.227-04, página 1).
De este modo
encontramos un involucramiento directo del otro poder el Estado, que preocupado
por las baja participación de los jóvenes, por canales tradicionales, busca
subsanarlo implementado la asignatura de educación cívica, con el fin de formar
ciudadanos preparados para ejercer dinámicamente sus derechos y ejercer con
responsabilidad los deberes que le competen , siendo un verdadero y
significativo aporte al crecimiento, desarrollo y consolidación de una
sociedad, más libre, solidaria y justa.
Pero esto no es lo
único, un espacio formal de participación, donde los jóvenes pueden expresar
sus inquietudes, patrocinado por la Biblioteca del Congreso, encontramos
el torneo de debate DELIBERA, que busca
la participación de los jóvenes Chilenos, en un espacio donde a través de la
formulación de iniciativas de ley, se sientan partícipes de solucionar los
problemas que lo aquejan en áreas tan
diversas, como medio ambiente, migración, educación, economía, entre otros. Y
es aquí donde por ejemplo encontramos un grupo de estudiantes que visualizaron,
el año 2012, la implementación de la
asignatura de educación cívica y ética, un resolvería en tema que hemos estado tratando
en este ensayo, y que lo justificaba porque para ellos : “Esta concepción de la
educación como formadora de personas integrales está presente en el artículo 19
de nuestra Constitución Política que señala en su inciso 10º: La educación
tiene por objeto el pleno desarrollo de la persona en las distintas etapas de
su vida, así como en el artículo 10 de la Ley General de Educación, cuando
indica que, los alumnos y alumnas tienen derecho a recibir una educación que
les ofrezca oportunidades para su formación y desarrollo integral;(...) Sin embargo,
una serie de evidencias nos indican que lo anterior no se está cumpliendo a
cabalidad, ya que en la práctica nuestro sistema educativo está favoreciendo un
modelo de educación instrumental, de raíz utilitarista, donde lo que importa es
el resultado medible numéricamente, dejándose de lado la centralidad de la
persona humana. Se está entendiendo calidad de la educación como eficiencia
y ésta como rendimiento escolar. Se les
pregunta a los estudiantes cuánto saben de matemática o lenguaje, qué promedio
de notas tienen, más que por sus opiniones o sentimientos. Se privilegia el
saber por sobre el ser, lo cognitivo por sobre lo valórico y afectivo” (Grupo
de debate DELIBERA 2012: Implementación de la Asignatura de Formación Cívica y
Ética, página 1). La iniciativa de ley, ratifica que el Estado, en la
Constitución de la Republica, se plantea formar seres humanos a través de la
educación pero no lo está logrando.
Porque buena educación estaría dado por: “Lo anteriormente expuesto, se
evidencia en que el logro de la calidad
de la educación, se mide a través de pruebas estandarizadas como el SIMCE o
PSU, que evalúan fundamentalmente conocimientos, asimismo el sistema educativo
acredita como de “Excelencia Académica” a escuelas que logran sortear con éxito
el SNED (Sistema Nacional de Evaluación del Desempeño Docente) que un 65% de
sus indicadores de logro, se refieren a los puntajes obtenidos en el SIMCE,
sin considerar lo valórico, el clima de
convivencia y el desarrollo de los objetivos transversales”.( Grupo de debate
DELIBERA 2012: Implementación de la Asignatura de Formación Cívica y Ética,
página 2 ). Y lo que termina por generar graves consecuencias: “Este descuido
por la formación integral de los alumnos adquiere mayor gravedad, si
consideramos que hay múltiples evidencias que nos indican que nos encontramos
frente a una crisis valórica y social y que la educación no ha sabido
enfrentar. Una demostración de esto, es el aumento de la violencia escolar como
lo revela la Encuesta Nacional de Convivencia Escolar que señala que en
2011“cerca del 25% de los estudiantes declaraba ser víctima de bullying
diariamente”. 6 ó como indica la última encuesta de SENDA, un 33% de los
alumnos declara que le han robado en el colegio alguna vez en el último año.
También podemos apreciar un aumento del nivel de estrés y el individualismo en
los estudiantes que buscan las mejores notas para estar dentro del ranking de
su escuela y tener más puntos para la PSU. Asimismo el desencanto con la
política es cada vez más real, ya que como señala la Sexta Encuesta Nacional de
Juventud 9, el 23,8% de los jóvenes entre 15 y 29 años está insatisfecho con la
democracia, además el 90,8% no le interesa participar en un partido político y
antes de la inscripción automática el 43,8% no se inscribía en los registros
electorales, porque la política no les interesa. Además según la prueba sobre conocimientos
de Educación Cívica y Formación Ciudadana de 2009, sólo el 20% de los
estudiantes demostró conocer la realidad
política y social del país. La apatía por participar y la falta de formación
cívica se torna preocupante, cuando hoy tres millones y medio más de jóvenes
están habilitados para sufragar. Todo lo anterior podría afectar el
funcionamiento de la democracia, el no cumplimiento de los deberes
cívicos, así como el aprecio por las
instituciones republicanas y el servicio público. Una señal que algo no
funciona es la ocurrencia en el último tiempo, de graves actos de corrupción en
el aparato público y abusos en el ámbito privado, cuyos protagonistas son
generalmente profesionales jóvenes” (Grupo de debate DELIBERA 2012:
Implementación de la Asignatura de Formación Cívica y Ética, página 2-3)
Se puede concluir
que gran tarea de implementar, cabalmente la formación ciudadana en nuestras
escuelas es un imperativo, debido a los cambios que sufrieron no solo
Chile sino también el mundo,
principalmente con el término de la guerra fría y la consolidación de la
globalización, neoliberalismo salvaje, que termino por pulverizar todo proyecto
colectivo de sociedad, transformando a los ciudadanos en consumidores, seres
individuales que solo buscan su realización personal, en desmedro de un idea de
sociedad, ante esta situación , la formación ciudadana debe aportar al
fortalecimiento de la cohesión social debe enfrentar el desafío de formar
ciudadanos participativos en una sociedad de mercado, con sujetos
despolitizados.
Por lo tanto ¿Qué
escuela debemos tener para el futuro? Todos estos cambios en la estructura
social y lo que define al ciudadano, la escuela, es el lugar común, que está
obligado en este contexto a repensar un modelo de ciudadanía que logre romper
la imposición economicista del modelo. El diseño institucional de la acción
educativa escolar, se ha de orientar a, primero que todo, a romper el
aislamiento institucional, apropiándose de los nuevos requerimientos de la
sociedad y redefiniendo su relación con la familia y otros agentes
socializadores, hay que enfatizar que la escuela debe asumir una parte
significativa de la formación ciudadana en los aspectos, como, la construcción
de las bases de la personalidad de las nuevas generaciones.
Como también, en un
mundo de la información y los conocimientos se acumulan y circulan a través de
medios tecnológicos más sofisticados y poderosos, la escuela, debe preparar
para el uso consciente, crítico, activo de los aparatos que acumulan la
información y el conocimiento, que generan niveles de convivencia y
participación, nunca antes visto, constituyendo una variable central para el
desarrollo de un proceso de socialización eficaz.
Y por último,
enfatizar del alcance global de la educación, este acceso universal a la
comprensión de fenómenos complejos constituye la condición necesaria para
evitar la ruptura de la cohesión social y escenarios desesperanzadores que
presentan en la actualidad.
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