jueves, 8 de septiembre de 2016


ENSAYO: CONCURSO DE LA ACADEMIA PARLAMENTARIA 2014









Para una nueva arquitectura de la formación ciudadana, el desafío del sistema educativo Chileno en el siglo XXI.

“ellos pedían esfuerzo, ellos pedían dedicación y para que, para terminar pateando piedras” (El Baile de los que sobran, los Prisioneros)
“La Comisión Internacional sobre la Educación del siglo XXI creada por la UNESCO, plantea la necesidad de formar una nueva cultura ciudadana que permita a los individuos participar activamente en el desarrollo de la sociedad; estimular la cooperación entre los seres humanos, sin distinción de raza, religión o lengua. Así mismo, la educación debe fundamentar conocimientos, valores, actitudes y aptitudes favorables a la construcción de una cultura de paz y democracia” (Declaración de 44ª Reunión de la Conferencia Internacional de Educación. Ginebra, 1994).

PROFESOR: CRISTIAN ORREGO MONDACA
                                                INSTITUTO OBISPO  SILVA LEZAETA
        CALAMA


Para una nueva arquitectura de la formación ciudadana,  el desafío del sistema educativo Chileno en el siglo XXI.
Los últimos acontecimientos de la vida Chilena nos han demostrado que el país está cambiando y nuestros ciudadanos también y con esto me refiere a la lección que nos dejó la última elección presidencial y parlamentaria, de acuerdo a la última modificación legal, ahora la inscripción es obligatoria y el voto voluntario, por lo tanto el padrón electoral, debería haber crecido considerablemente al igual que la masa de votantes, pero la realidad nos nuestra todo lo contrario.
La elección Presidencial y Parlamentaria nos arroja cifras, que nos  llama la atención, las nuevas autoridades del poder Ejecutivo y legislativo fueron elegidos con menos del 50% de los de las personas legalmente facultadas para votar, primer llamado de atención, la nueva ley no logro captar a una nueva masa de votantes, especialmente, con la consecuencia directa de un envejecimiento del padrón electoral, donde la Presidenta de la Republica, junto con su coalición de gobierno, llamada de la nueva mayoría, terminaría siendo de la nueva minoría, por ser elegida por menos del 50% de los ciudadanos legalmente habilitados para votar. Además la última encuesta CEP, nos dice que las personas muestran una baja confianza en los partidos políticos (12%) y en otro poder del Estado, el Judicial (6%). Pero los llamados nuevos ciudadanos si están interesados por participar en los espacios, el problema se genera, porque ellos sienten, que la forma tradicional, o sea a través de los partidos políticos, no los representa en el Chile actual y buscan canalizar sus inquietudes a través de otras realidades, llámese movimientos, organizaciones, clubes de diferente tipo, etc. Es allí donde canalizan sus inquietudes y buscan sus espacios de participación.
La gran interrogante que nos plantea los últimos acontecimientos, ligados a nuestra realidad política, debe llamarnos profundamente la atención, tratar de visualizar, analizar, tratar de dar respuestas y soluciones, a un fenómeno que puede corroer nuestra convivencia democrática, la poca participación e interés en la vida política en nuestro país, que es la única forma de legitimar nuestra Democracia, es con la participación, que va más allá del solo hecho de sufragar, debemos fomentar la formación ciudadana y es aquí donde la escuela juega un rol fundamental, en el proceso antes mencionado.
La primera pregunta que debemos responder es que paso con nuestra participación democrática, que llevo a generar tan grado de apática, especialmente en los jóvenes. Una mirada histórica, el diagnostico nos plantea realidades tanto en el plano externo, como interno. En el plano internacional, el mundo paso de la guerra fría a proceso dominado por los paradigmas que, Francis Fukuyama, planteo, en el fin de la historia y el último hombre , que es la democracia liberal y el neoliberalismo el cual ha traído una serie de cambios que han terminado por configurar una nueva realidad histórica y a la vez ha cambiado el concepto de ciudadano al de consumidor, una nueva dimensión que poco a poco se fue transformando en un consumidor activo, rol a partir del cual sí puede participar y tomar decisiones que impactan directamente en su calidad de vida. Aquello ha erosionado nuestro vínculo social y por la tanto los grados de participación se han visto afectado por proyectos más individuales que colectivos. Pero también podemos encontrar  que  existe una crisis del concepto Estado-Nación, la globalización de la economía, el impacto de las nuevas tecnologías de la información, la crisis de las identidades políticas tradicionales, entre otros, son fenómenos que obligan a redefinir el papel de la educación en la sociedad y más específicamente en la el rol de la escuela ante este nuevo escenario. Donde el rol de la escuela, en el proceso de la sociabilización debe orientarse a líneas de acción especificas desde la perspectiva de una política educativa con objetivos claramente democráticos.
Vivimos en mundo, que cambia constantemente, producto de la globalización y donde la única certidumbre es la incertidumbre y ante aquello, debemos dar respuestas claras y precisas. Porque en el siglo XXI, vivimos más que en otras épocas, en un mundo interdependiente, amenazado y en crisis; por ello necesitamos fortalecer los caminos y  alternativas hacia sociedades incluyentes, solidarias, justas y sostenibles, uno de ellos es la formación ciudadana. En esta medida, somos responsables de lo que nos sucede y sucederá a nosotros y a nuestras próximas generaciones, tanto en nuestro entorno local y global, para lo cual se requiere construir nuevas competencias para ejercer una ciudadanía activa de cara al tipo de sociedad que estamos viviendo. Da cara a las implicancias en la convivencia social y política. Las personas están habitando un mundo donde cada vez necesitamos más informarnos e interactuar en la relación del contexto, no solo local sino a la vez territorial, nacional y global. Esta relación  requiere crear nuevos conocimientos, aprendizajes, habilidades y actitudes, para delimitar e integrar lo que pensamos y hacemos en el contexto particular en el que vivimos y en los contextos cada vez más amplios a los que pertenecemos, hasta llegar a ubicarnos en este mundo tan complejo que enfrentamos, la llamada era global.
Comprender lo global, es un elemento central que nos permitirá dilucidar, el nuevo escenario que enfrentamos, ya que “lo global es más que el contexto, que es el conjunto que contiene diversas partes ligadas de manera organizacional. De esa manera, una sociedad es más que un contexto, es un todo organizador, del cual hacemos parte nosotros” (Campos Arias, Rosa Ludy: Educación social y formación ciudadana en tiempos de globalización, página 123). Aquel fenómeno es  multidimensional (social, económico, cultural, ecológico, político) y complejo porque se refiere a un tejido interdependiente del todo y de las partes en sus diferentes dimensiones. La globalización se constituye en un fenómeno reciente y acelerado de cambios radicales, caracterizado principalmente por una integración más estrecha entre los países y pueblos del mundo, que ha incidido en particular en la economía, el trabajo, el comercio, las finanzas, las comunicaciones y las culturas locales del mundo.
Por lo tanto la globalización se manifiesta en nuestra vida diaria en todas las dimensiones del desarrollo, en el cual  podemos identificar, algunas características positivas, como por ejemplo: “una mayor conocimiento, información, dominio de la naturaleza, diversificación de la producción, evolución de la ciencia, la tecnología, la medicina, la conquista del espacio, las luchas mundiales por las reivindicaciones de generó, los derechos, las diferencias de raza y de credo, entre otras” (Campos Arias, Rosa Ludy: Educación social y formación ciudadana en tiempos de globalización, pagina124)
Pero debemos decir también, que la globalización, ha socavado al ciudadano, porque ya no busca, el bien común, la realización social, ni la participación de la ciudadanía para resolver los problemas. En este campo de la vida, todo se mide por lo que está de moda, por lo que se puede vender, lo que se publicita, donde lo que importa de es  consumir, dejando de lado la verdadera esencia de la sociedad democrática, el significado de vivir y convivir,  donde la libertad del consumo ha desbancado a la libertad del ciudadano, la preocupación es por la forma, la apariencia, la estética , la publicidad, el dinero, el afán de lucro y el éxito coyuntural, han reemplazado la vida productiva y social acorde a las normas de convivencia, ahora solo se busca la felicidad individual, que ha superado los proyectos colectivos y ciudadanos, donde la televisión, por ejemplo, ha reemplazado, el concepto que habíamos heredados de los griegos como espacio de participación ciudadana, el ágora, ha sufrido un jaque mate. Es por eso que se puede afirmar que la dinámica de la globalización en su contexto económico, con su modelo neoliberal, implica nuevos escenarios y preguntas para orientar los planes de una nueva formación ciudadana.
Lo que debemos rescatar es que existe un elemento que puede unir la globalización a la educación y es la ciudadanía, donde la contribución estaría por la construcción de  una ética global para la justicia y la solidaridad, donde se debería formar para un ejercicio activo de la ciudadanía global y local en la búsqueda y la consolidación de la democracia como un proceso de gobierno.
Donde la ética la debemos entender como: “un saber colectivo de los seres humanos, que se manifiesta como un conjunto de principios y sentimientos de lo que una comunidad acepta como bueno, válido” (Campos Arias, Rosa Ludy: Educación social y formación ciudadana en tiempos de globalización, página 125) lo que debería ser la base de la cohesión social que a su vez se constituye como fuente de la solidaridad en relación a la responsabilidad social, la cual se debe conservar, reproducir y se transforma a través de la educación.
Ser ético, lleva la consigo la reflexión, sobre situaciones los criterios y las decisiones que  se deben asumir para convivir, producir y crear, en condiciones de libertad y responsabilidad. Donde las preocupaciones centrales de la ética tienen que ver precisamente con los valores universales y los derechos humanos, asociados a la solidaridad, la honestidad, la justicia, la igualdad, la libertad, la tolerancia, la inclusión del otro, la paz.
Por lo tanto la educación, en este escenario tan complejo que nos presenta la globalización, requiere como eje una formación humana, social, política y productiva, de la ética, la moral y los derechos, para trabajar en comunidad, “en suma, la intencionalidad ética no es otra cosa que la intencionalidad de vida buena, con y para otros, en instituciones justas” (Campos Arias, Rosa Ludy: Educación social y formación ciudadana en tiempos de globalización, pagina126). Y para esto se debe recuperar el ágora, el redescubrimiento de la cosa pública, y de la conciencia democrática, lo que significa hacer el examen crítico del presente, sacando las lecciones del pasado, con el objetivo de construir de manera consciente el futuro. Hay que “rescatar el equilibrio…. con el ágora, rescatando el debate democrático, en el espacio público contextualizado”. (Campos Arias, Rosa Ludy: Educación social y formación ciudadana en tiempos de globalización  página 126)
Y la educación está presente, cumpliendo un rol fundamental, pero que requiere construir conocimientos en torno a la democracia y la ciudadanía, desarrollar actitudes solidarias y justas, construir competencias para la comunicación pública y ante todo para la deliberación y la construcción de un nuevo contrato social. Los avances del mundo globalizado, nos hace imperativo, enfocar un proyecto colectivo y ciudadano, el cual se ve refrendado, en la declaración de Barcelona, realizada en el foro social mundial de 2004.
Que nos plantea los siguientes desafíos, en relación a la formación ciudadana:
Declaración
Desafíos para la formación ciudadana
Rechazar la pobreza, la guerra, la explotación, la marginación, la exclusión.
Rechazar todo tipo de violencia especialmente con las y los niños, las mujeres y los menos favorables.

Educación ética y moral y en derechos humanos, para garantizar el respeto y cumplimiento de los valores cívicos de convivencia y de los derechos humanos.
Participar en la regulación del crecimiento económico, en equilibrio con el desarrollo y la justicia social.
Respetar la diversidad cultural y las expresiones de resistencia y movilización social por el desarrollo global y la conservación de las singularidades.

Educación en el reconocimiento de las diferencias, la diversidad, el medio ambiente, para garantizar el respeto, la inclusión, la reciprocidad y la sostenibilidad del planeta.
Garantizar la vida digna, la educación, la salud, la cultura, la paz


Educación en la construcción de la subjetividad política, para que los sujetos reflexionen sobre la corresponsabilidad que tienen en la construcción de lo público, lo político y la política 
Privilegiar el diálogo y la negociación como principio regulador de las relaciones entre países, religiones, comunidades y personas.


Educación en los procesos de participación, organización comunitaria para garantizar el agenciamiento de proyectos sociales y políticos de transformación y reivindicación
Defender las libertades individuales, la igualdad, la alteridad, la solidaridad, la justicia y la democracia


Educación, en conocimientos, actitudes y procedimientos de la ciudadanía, para garantizar su ejercicio activo y su adecuada competencia en el contexto, social y político
Construir una ética económica y ecológica, junto a un sentido de la justicia global, por un planeta sostenible y en paz.
Regular el uso de la tecnología, la ciencia, la productividad al servicio del desarrollo humano y social


Educación en la fundamentación de la ciudadanía, para garantizar la suficiente reflexión, sobre los principios que caracterizan los enfoques normativos de la ciudadanía en sus principales tradiciones: liberal, comunitaria y republicana.
Garantizar la instauración de una justicia internacional que prevenga y persiga los crímenes contra la humanidad, el patrimonio cultural, la ecología y los delitos que violen los acuerdos económicos globales.
Potenciar y direccionar la cooperación internacional hacia el desarrollo local, en lo global.

Educación para la intervención social, socio-política, frente a problemáticas sociales, conflictos, exclusión, entre otros, para garantizar la transversalidad de la ciudadanía, la civilidad y la corresponsabilidad de la sociedad y del Estado.
(Campos Arias, Rosa Ludy: Educación social y formación ciudadana en tiempos de globalización, página 127)
 En nuestra realidad país, no escapa al fenómeno, cada más patente, palpable y que se refiere una crisis de la representatividad democrática, donde la paradoja reside , en que de una parte la institucionalidad del sistema sigue funcionando, pero desde la otra realidad se observa, cada vez más, el debilitamiento del ciudadano y de la cohesión social que se debilita. Desde la vuelta a la democracia, existe cada cierto tiempo se producen cambios y alternancias pacificas de gobierno, a que las elecciones se siguen realizando periódicamente y las instituciones políticas funcionan en relación al llamado ejercicio de la democracia, al mismo tiempo, el compromiso ciudadano se debilita claramente.
Donde cada día, se sigue profundizando la indiferencia social, especialmente de los jóvenes, hacia la política. Lo cual se puede ratificar con los siguientes datos “su baja tasa de inscripción en los registros electorales. Los jóvenes de entre 18 y 29 años solo representan el 17% del padrón electoral, y se calcula que hay cerca de dos millones de jóvenes que no se han inscrito y no participan del sistema electoral (SERVEL, 2009). En segundo lugar, se puede mencionar su creciente desinterés y desconfianza por la politica partidaria. En la 5° encuesta Nacional de la Juventud, se evidencia que las instituciones de gobierno y los partidos políticos son las organizaciones que más desconfianza generan en los jóvenes (INJUV, 2006). Y por último, en relación al compromiso democrático de las nuevas generaciones, el estudio desarrollado por el PNUD el año 2002, en Chile, muestra que los jóvenes de entre 16 y 29 años, tan solo el 40,5%, cree que el mejor sistema de gobierno es la democracia, mientras que el 34,5% manifiesta que le es indiferente la forma de gobierno y un 20% cree que en determinadas ocasiones es mejor un gobierno autoritario. Lo que más decidor aún es que el 56% de los entrevistados opina que el desarrollo económico es más importante que la democracia” (García, Carolina: Los desafíos de la formación ciudadana y la cohesión social frente a la des-subjetivación del sistema, página 330).
Los datos expuestos permiten afirmar que estamos experimentando un cambio social importante, que en el ámbito socio-político, tienen que ver con una resignificación del espacio político y del ejercicio de la ciudadanía y con una reformulación de las identidades colectivas. Por una parte se constata un  distanciamiento  del sistema democrático y con una alta tasa de desafección política. Se aprecia una ausencia de un sentido de cohesión social y de un sentido de pertenencia a la cultura cívica. Pero que no equivalen a un retracción de la  ciudadanía, sino más bien tendría lugar la resignificación de ésta, la cual, ya no tendría a las instituciones políticas como único punto de referencia, sino que se prestaría más atención a la convivencia social y a las instituciones y a las acciones sociales. En este contexto, la construcción de ciudadanía se ha vuelto más complejo y tiene que enfrentar los nuevos desafíos.
Por qué las estadísticas antes expuestas, nos reflejan nuevas actitudes y comportamientos de los jóvenes Chilenos, donde otros estudios, nos siguen refrendando una compleja relación de las nuevas generaciones con la política y la ciudadanía, donde altos porcentajes de los jóvenes siente lejanía con el sistema democrático, pero a la vez se puede constatar que los jóvenes demuestran un grado importante de participación social, las cuales no se realizan en las formas convencionales, como son los partidos políticos o sindicatos. Un  dato del INJUV nos dice que el 52% de los jóvenes si participa y donde la mayoría lo hace en un club deportiva, el 18,3%, pero solo un 0,9 dice participar en un partido político y un 1,4 % lo hace en un Sindicato. Los estudiantes demuestran un alto grado de participación en temas de beneficencia social, como forma de participación social “el 85% de los jóvenes recolectaría dinero para una causa social, el 77% juntaría firmas para una petición y un 74% considera importante el votar en las elecciones nacionales” (Marín, Cristóbal: Educación y cultura cívica, página 5). Lo que nos dice que los jóvenes si están interesados en participar en su entorno, interesante es el dato que nos dice que “el 61% de los jóvenes lee artículos del diario sobre su país, el 89% ver las noticias en televisión y el 55% escucha noticias en la radio” (Marín, Cristóbal: Educación y cultura cívica, página 5)
Al mismo tiempo, las estadísticas nos permite decir que los estudiantes chilenos confían más en los medios de comunicación que en las instituciones de gobierno: “confianza en los medios y el gobierno, noticias en televisión 64%, noticias en la radio 56%, noticias en los diarios 54%, en el Gobierno 37%” (Marín, Cristóbal: Educación y cultura cívica  pag 6).
Lo que debe llamar la atención es un estudio de IEA, que midió los conocimientos y habilidades cívicas de los estudiantes, comparándolos con resultados de estudiantes de otros países, el estudio apunto, en una primera escala,  al conocimiento cívico y en la cual se incluían preguntas sobre las características del sistema democrático y sus instituciones prácticas, derechos y deberes ciudadanos, rol de los medios de comunicación en democracia, consecuencias políticas de temas económicos, identidad nacional, cohesión social, relaciones internacionales y la segunda escala midió las habilidades para interpretar las comunicaciones políticas y se incluían ejercicios como interpretar un dibujo alusivo a la forma en que se escriben los libros de historia, identificar afirmaciones sobre discriminación por género, interpretar propaganda y programas políticos, los resultados arrojaron, en amabas escalas, fueron significativamente menores al promedio internacional y se nos ubicó en el penúltimo lugar de la clasificación general, solo por encima de Colombia. Allí se les pidió a los estudiantes Chilenos, que en el plano de los conocimientos fuesen capaces de identificar un gobierno no-democrático a partir de un listado de características, sólo el 44% de los estudiantes Chilenos contesto correctamente. Con respecto a las habilidades interpretativas, el ejercicio que consistía en interpretar un dibujo alusivo a cómo se escriben los libros de historia, sólo el 49% respondió correctamente y en otro ejercicio que pedía interpretar un panfleto electoral el 54% contestó de forma correcta.
¿Qué problema pueden provocar dichos resultados?, podrían tener graves consecuencias para el funcionamiento futuro de la democracia en Chile. Muchas de las preguntas respondidas de manera incorrecta por la mayoría de los estudiantes son lo mínimo requerido para realizar las tareas cívicas básicas de las sociedades democráticas contemporáneas, como por ejemplo: “decidir entre candidatos, comprender editoriales de periódicos, decidir si unirse a una organización política con una ideología particular, saber cuándo un gobierno deja de ser democrático, etc.”(Marín, Cristóbal: Educación y cultura cívica, página 10)
Sin embargo en Chile la discusión y las políticas educativas se han centrado fundamentalmente en la preparación de los jóvenes para su integración al mundo del trabajo y de los mercados globales y altamente competitivos. En el debate ha estado, en un tiempo, estuvo ausente un examen a los desafíos que plantean a la educación los nuevos escenarios políticos, sociales y los niveles de preparación cívica de nuestros estudiantes, donde supuestamente real era formar personas competitivas, buenos consumidores pero apolíticos. Lo interesante es que parece que se ha respuesta en el plano del debate y en la agenda educativa la importancia de la formación ciudadana para el futuro del país y las carencias de los estudiantes Chilenos al respecto.

Problemas claros y refrendados con otros estudios que reflejan y muestran un país con altos índices de inequidad social, acompañados, como ya lo hemos dijo, de un descredito generalizado de los poderes del Estado, como el poder Legislativo y el Judicial, donde la consecuencia directa es su repercusión en el conjunto de la estructura social y política de gobierno y la institucionalidad política social representada en los partidos políticos.
Aquel debilitamiento de las instituciones y la cohesión social, a la vez tiene directa relación, con el tipo de sociedad impuesta después del término de la guerra fría con sus paradigmas de la democracia liberal y el neoliberalismo donde “ la institución imaginaria de la sociedad que de otra forma ha instituido formas de apatía social en paralelo a una exacerbación del individualismo moderno, desarrollando formas hiperbólicas de privatización del espacio público, tanto en sus redes sociales propiamente tal, como es el caso emblemático de la educación, como también en las formas de utilización de bienes y de recursos naturales, como el agua, la electricidad y por ende los servicios de comunicación, el transporte, etc.” (García, Carolina: Los desafíos de la formación ciudadana y la cohesión social frente a la des-subjetivación del sistema, página 330-331). Rescatando lo expuesto, la mayor prioridad  sería  la necesidad detectar y comprender los desafíos que enfrenta la formación ciudadana en la actualidad, para identificar las razones que hay detrás del debilitamiento del compromiso ciudadano de las generaciones más jóvenes con el sistema democrático, en un contexto que en apariencia cumple  con los objetivos  con los requisitos de un sistema democrático de hecho y proponer lineamientos para el desarrollo de una política de formación ciudanía transversal de modo tal de favorecer el desarrollo de la cohesión social. Esto favorece los lazos de solidaridad y de integración social de  cada grupo. Por lo tanto elemento fundamental  para un ejercicio sano de una democracia participativa, activa, crítica y comprometida con un proyecto colectivo de país.
La realidad Chilena nos nuestra como una sociedad híper-atomizada “por así decir una simbolización hiperindividualista del sujeto, que ni siquiera como postulaba Descartes se estructuraba desde una conciencia pensante como cogito, sino desde el consumo y apropiación de la subjetividad concebida como propiedad y como cosa” (García, Carolina: Los desafíos de la formación ciudadana y la cohesión social frente a la des-subjetivación del sistema, página 333).
Bajo lo mencionado, un estudio de la oficina regional de la UNESCO (2007), muestra que la falta de la cohesión social y confianza social dicen relación con una verdadera erosión de las instituciones de protección social lo que ha transformado culturalmente a la sociedad, donde hoy está “más centrada en el individuo y en su autonomía y en la libertad individual como garantes de éxito. El entramado social se ha vuelto más frágil y el concepto de comunidad se ha resquebrajado. Los ciudadanos difícilmente se ven a sí mismos formando parte de un sujeto colectivo, de un nosotros, todo lo cual aumenta los riesgos de una sociedad fragmentada, lo que otorga una nueva importancia a la cuestión de la cohesión y de las instituciones que, como la escuela y la Universidad, apuntan a la constitución de lo social.” (García, Carolina: Los desafíos de la formación ciudadana y la cohesión social frente a la des-subjetivación del sistema, página 333).
¿Pero que se ha hecho para remediar tan situación?, desde el retorno a la democracia, la educación ciudadana está orientada a formar ciudadanos activos, en los que deberían conjugarse las tres dimensiones clásicas de la ciudadanía: la política, referida a la participación en los procesos electorales, la civil, relacionada con la defensa de los derechos básicos de todo ser humano y la social, orientada a la organización colectiva y la desarrollo de La tolerancia y el respecto a la diversidad. La educación ciudadana en Chile entonces: “comienza a desarrollarse a contar de la puesta en marcha de la reforma curricular de 1997, está orientada, a la formación de una  ciudadanía inspirada en los valores prácticos democráticos, por medio de la entrega no solo de contenidos conceptuales referidos a la institucionalidad política, sino también del desarrollo de habilidades y actitudes necesarias que le permitan estructurar una compresión del entorno y les orienten a actuar crítica y responsablemente en la sociedad, sobre la base de principios de solidaridad, ciudadano del medio ambiente, pluralismo y valoración de la democracia”( García, Carolina: Los desafíos de la formación ciudadana y la cohesión social frente a la des-subjetivación del sistema, página 341). Los principios expuestos debería haber formado un ciudadano, basado ya no en la concepción de soberanía y nacionalidad, sino un ciudadano:” activo, participativo, con capacidad de reflexión y crítica, frente a las problemáticas de la sociedad globalizada” (García, Carolina: Los desafíos de la formación ciudadana y la cohesión social frente a la des-subjetivación del sistema, página 341), Pero en la realidad nada de aquello se ha logrado, porque no hay bases que sustenten el proyecto.
Por qué, primero que todo, no existen espacios de participación reales para los ciudadanos comunes y corrientes. En segundo lugar, prima una lógica economicista que reduce la participación al mercado económico, somos consumidores antes que realmente ciudadanos. Y un tercero que nos dice que la mezcla entre las situaciones, antes nombradas, ha perjudicado la identificación de la subjetividad con la identidad nacional. Hoy no está claro qué significa ser chileno, lo que contribuye claramente a la desvinculación de lo  colectivo. Lo nombrado lo podemos encontrar en un estudio realizado por el PNUD, el año 2002, donde el 52% de los encuestados plantean que es difícil decir que es lo chileno. Esto responde a que el imaginario de ser chileno está fragmentando porque no existe una concordancia entre el discurso oficial y lo que se vive en la práctica: “los jaguares de América Latina, el país más desarrollado de América del Sur, pero ¿jaguares de qué? La marginación política y económica que afecta a una gran mayoría provoca que el discurso oficial se quiebre, y con ello se fragmenta también el imaginario social” (García, Carolina: Los desafíos de la formación ciudadana y la cohesión social frente a la des-subjetivación del sistema, página 341).
El quiebre de lo colectivo y del sentido de identidad, también lo podemos encontrar en el mismo estudio del PNUD, que plantea que en Chile, existen tres experiencias de lo que es ser Chileno, el primero un Chile orgulloso, que representa al 32% de la población, y que considera que lo chileno está en la tradiciones y en la historia del país. Pertenecen a sectores socioeconómicos acomodados y tienen altos índices de educación y por tanto sienten que forman parte de los espacios de participación social, económico y político, y de un colectivo caracterizado por los valores propios de la llamada chilenidad. La segunda experiencia es el chileno inseguro que representa al 38% de la muestra y cree que hoy es difícil decir que es chileno, pertenecen a los sectores medios con educación superior (técnica o universitaria), con salarios más bajos y permanentemente inseguros de perder su trabajo y eso provoca, que pese a que no se sienten marginados del sistema, no confían en los espacios de participación que les ofrecen, ni creen en la existencia de una comunidad nacional, Por último existe el chileno molesto que representa el 30% de la muestra y que cree que lo chileno no existe. Pertenecen a estratos socioeconómicos más bajos de la sociedad, presentan los menores índices de escolaridad y se manifiestan molestos con el sistema porque sienten que nada ha cambiado, que todo sigue igual de mal que siempre. Se sienten marginados de los espacios de participación política y económica, creen que son los grandes perdedores del sistema, que nada les ofrece seguridad y que solo pueden vivir pendientes del presente porque no pueden proyectarse a futuro.
En el escenario antes nombrado, la escuela tiene la misión de crear ciudadanos participativos y comprometidos, en un contexto fragmentado, sin vínculos sociales profundos y caracterizado por una participación política y económica restringida, donde la gran mayoría, especialmente los más desposeídos, esta marginada. A este desfase se suma el hecho que la misma escuela se encuentra bajo la marginación y la mercantilización que afecta al sistema educativo. En primer lugar, porque los actores del sistema escolar han sido permanentemente marginados de la toma de decisiones que afectan nuestro quehacer, la reforma educacional y su posteriores modificaciones se han hecho prácticamente  puertas cerradas y sin consultar el parecer de sostenedores, directores, profesores ni menos a los alumnos, siendo el ejemplo más claro de la participación restringida sobre la que se ha construido el actual sistema democrático, donde la teoría nos habla de la formación de ciudadanos participativos, críticos, comprometidos pero que a la vez no existen espacios para aquellos ciudadanos que estamos supuestamente formando.
Si sumamos la mercantilización, que ha  seguido fragmentando cualquier intento que generar un ideal colectivo, trasformando la educación en un bien que se transa en el mercado y no un derecho que puede generar cohesión social, y la consecuencia directa es la segregación en el sistema escolar, con una educación cuya calidad, está asociada directamente al nivel socioeconómico de los estudiantes, aquellos que pueden pagar son los que reciben una educación de mejor calidad, lo que se traduce, en que cada año que pasa, se ha ido aumentando la desigualdad y la falta de equidad del sistema.
Pero lo más perjudicial, para formar verdaderos ciudadanos, como lo completaba la reforma, es que al ser la educación concebida como como un servicio y no un derecho, ha provocado, que a partir de los resultados de pruebas estandarizadas, como el SIMCE, se termina por catalogar a las escuelas buenas, las que obtienen buenos resultados y por lo tanto tienen cabida en el sistema y las escuelas que obtienen bajos resultados, y por lo tanto quedan marginadas del sistema, aquí está la dicotomía entre teoría y realidad, a la escuela se le pide que forme ciudadanos integrales que el sistema necesita, es decir: “con las competencias necesarios para enfrentar los desafíos de la sociedad del conocimiento, y las habilidades y actitudes necesarias para desarrollar el compromiso democrático que el sistema necesita, sin embargo, la eficacia de la escuela queda reducida a los resultados de las pruebas estandarizadas, son considerar el rol formativo que desempeña.”(García, Carolina: Los desafíos de la formación ciudadana y la cohesión social frente a la des-subjetivación del sistema, página 343). Es por eso que debemos recalcar que la formación ciudadana debe apuntar al fortalecimiento de la cohesión social que debe enfrentar el desafío de formar ciudadanos participativos en una sociedad mercantilizada, des-subjetivada, despolitizada, donde los ciudadanos comunes y corrientes, especialmente lo más pobres, están marginados tanto de la toma de decisiones, como del sistema económico y estudian, además en escuelas que son marginadas sin siquiera considerar el esfuerzo que hacen por sacar adelante a sus alumnos.  
En el escenario, bastante complejo, por lo decir menos, los nuevos desafíos de la educación deben apuntar a solucionar las falencias antes ejemplificadas, porque la educación, hasta hoy en día, es considerada la política pública por excelencia dirigida hacia los niños y los adolescentes. Por los planteamientos antes señalados, la institución escolar debe reestructurarse para el logro de sus objetivos: “al sistema escolar le corresponde facilitar los instrumentos de inserción en la sociedad más amplia. A la vez es responsable de aportar a las sociedades para su inclusión en el desarrollo mundial. El rol de la educación  se cumple cuando se constituye en uno de los espacios fundamentales para la formación personal, social, ética, ciudadana de individuos y grupos. Tiene un papel crítico en la formación del capital humano y cultural durante el desarrollo y es un campo importante para la elaboración de la identidad y del sentido de vida” (Krauska, Dina: Los nuevos desafíos de la educación en el desarrollo juvenil, página 1).
La construcción de la identidad se favorece cuando los esfuerzos por lograr la incorporación social van acompañado del reconocimiento social positivo y un locus de control interno, este último entendido como: “el conjunto de destrezas y habilidades que permiten anticipar y preveer consecuencias en la toma de decisiones, por lo que la persona que ha desarrollado estas capacidades y posicionamiento personal considera que sus propios acciones son un factor importante de los que ocurra en la vida”
(Krauska, Dina: Los nuevos desafíos de la educación en el desarrollo juvenil, página  1). Así cuando se fortalece la identidad con un sentido positivo, cuando las personas se encuentran en su fase juvenil, tienen la oportunidad de estar involucrados en servicios de la comunidad pueden desarrollar sus propias puntos de vista en estos ámbitos, esto es porque la persona adolescente  puede reflexionar, volver la mirada sobre su propia forma de pensar y ser, así como sobre la de los demás, en la adolescencia existe interés por nuevas actividades, emerge la preocupación por lo social y la explotación de capacidades personales en la búsqueda de la autonomía, el amor y la amistad. Si en cambio, la identidad se construye de modo confuso, incompleto, parcial, con sentimientos de desvalorización personal, la vulnerabilidad será mayor.
Uno de los paradigmas a resolver es el problema de la exclusión y el principio de la equidad. Porque en la discusión sobre la educación existe un consenso básico que debe contribuir a la construcción de la equidad, ya que cuando el sistema escolar se encuentra inserto en estrategias que corresponden a políticas de desarrollo social excluyente, esto contribuye a fortalecer la exclusión juvenil, donde los grupos menos favorecidos, en un sistema excluyente, genera un amplio sector juvenil, marginado, sin mayor preparación para los cambios culturales y las exigencias laborales, condenados a llevar en si una identidad negativa y una vida marginal. Y donde los grupos más privilegiados van a colegios privilegiados, donde tiende a: “instrumentarse la propuesta moderna individualista, competencia, tecnología”. (Krauska, Dina: Los nuevos desafíos de la educación en el desarrollo juvenil, página  5).
En el análisis desarrollado hasta aquí, nos lleva a la conclusión de un urgente replanteamiento del sistema educativo, el cual lo podemos encontrar en el encuentro Internacional sobre juventud, educación y empleo en Iberoamérica en 1997, se hicieron lineamientos a trabajar con los jóvenes:
“1.- La necesidad de que el sistema educativo deje de ser un factor que prácticamente bloquea la equidad Un sistema único, al no atender las diversidades, incrementa la discriminación y la desigualdad de oportunidades, en lugar de democratizar.
2.- El sistema educativo, responde culturalmente más a planteamientos de la clase media que a las necesidades y culturas de los distintos grupos que componen la población en América Latina. La respuesta a la actual situación, es el desarrollo de sistemas educativos plurales que cuenten con estrategias sustitutivas y complementarias
3.- Para romper la exclusión, es necesario lograr la permanencia de la juventud y apoyar su reinserción en el sistema educativo formal. Para ello se requiere de una readecuación de la calidad de la enseñanza que supere la carencia de respuestas satisfactorias que presentan los sistemas actuales y desarrollen estrategias que logren motivar y generar condiciones para la reinserción juvenil.
4.- Permitir el logro de las competencias básicas, los saberes instrumentales y la creatividad. Cabe  destacar entre los aspectos formativos, el desarrollo de la capacidad permanente búsqueda de aprendizajes y de saberes, los aspectos innovativos, como la capacidad de proponer y relacionarse con el mundo en una coexistencia y propuestas en relación con la diversidad, el desarrollo personal, en él se destacan también aspectos psicológicos, como la confianza, la autoestima, la autoimagen
5.-Fomentar la ciudadanía. Es necesaria una revalorización del posicionamiento de la juventud dentro de la sociedad. Dejar de ver a los estudiantes como las personas a las que se llama a dar respuesta, pero no se les llama a tomar decisiones. En este sentido, el modelo educativo también debe responder a un nuevo paradigma en relación a su relación con la juventud, que reconozca la exigibilidad de los derechos y fomente la responsabilidad que ellos conllevan”. (Krauska, Dina: Los nuevos desafíos de la educación en el desarrollo juvenil, página 8)
En consecuencia cabe dejar de ver a los estudiantes como objetos de insumo de conocimientos y de control para valorar su subjetividad y establecer una nueva relación adulto-joven, en que prevalezca el acompañamiento, el estímulo positivo y la formación. La valorización y visibilización del aporte de niños, adolescentes y jóvenes, promueve relaciones intergeneracionales con mayor compenetración, más acorde con la sociabilización moderna y favorecen un enfoque de derechos humanos. Las personas en la fase juvenil requieren ser legitimadas como sujetos de derechos y responsabilidades, ser así visualizados como seres integrales de  ciudadanía, con capacidad de ser actores sociales y  capital humano del desarrollo. Para lograrlo la educación debe lograr desafíos como evitar la deserción, lograr la permanencia satisfactoria de los y las estudiantes y en muchos casos la reinserción. El modelo debe propender a la construcción de la ciudadanía, el desarrollo en equidad y la formación con perspectivas de desarrollo autónomo, productivo y satisfactorio.
Viendo nuestra realidad inmediata y desde el punto de vista curricular Chile, ha realizado esfuerzos con el propósito de promover la formación ciudadana en la niñez y la juventud, con el objetivo de superar las graves omisiones heredadas del gobierno militar. Los cambios curriculares apuntaron a reforzar e incorporar una serie de contenidos relacionados con la democracia y los derechos humanos y además, desarrollar algunas importantes habilidades y actitudes en los estudiantes. Destinada a favorecer y fortalecer aquellos principios y valores fundamentales asociados a estas temáticas. Con el propósito claro de: “llevar al aula esta nueva forma de entender la formación ciudadana, se incorporan nuevos conocimientos, habilidades y actitudes en la asignatura de historia y geografía. La razón fue que en ella existían objetivos coherentes al marco de valores que debían inspirar a las personas del Chile Contemporáneo, buscando que el estudiante valore el pluralismo y logre desarrollar una actitud positiva hacia la participación ciudadana, mediante la incorporación de conocimientos y habilidades asociadas, como el fomento del desarrollo del pensamiento crítico e independiente, la incorporación de metodologías orientadas a las discusión grupal, la promoción de resolución de problemas y el análisis de casos concretos, mediante el análisis, la demostración y la argumentación, y la utilización de gran variedad de materiales de aprendizaje”(Muñoz Labraña, Carlos: La formación ciudadana en la escuela problemas y desafíos, página 235). Pero este marco curricular, también adolece de un gran problema,  cae en lo que se designa como arena de la formulación, porque, lo que sucede en el aula no es lo que, a veces, manifiestan los programas de estudio y las normativas oficiales, lo que quiere decir que entre el plano de la formulación (documentos oficiales) y lo que en el aula, existe una serie de acciones e instrumentos de mediación que operan como verdaderos filtros, que terminan por modificar la propuesta curricular original. Este plano es conocido: “arena de la transformación, porque será en torno al aula donde el profesorado concretizará, en mayor o menor medida, las indicaciones oficiales. En esta última donde los estudiantes tienen mucho que decir” (Muñoz Labraña, Carlos: La formación ciudadana en la escuela problemas y desafíos, página 236).
Un estudio, que busco conocer la percepción de los estudiantes Chilenos, en relación a la formación ciudadana, en un trabajo en que se agrupo en dos grandes categorías, en el primero se agrupo a las percepciones del estudiando vinculados a la formación ciudadana. Y el segundo da cuenta de los principales, problemas y desafíos que se desprenden del discurso de los estudiantes y para el profesorado de la especialidad.
La primera gran conclusión que se llegó, es que es una formación no explicita, a pesar que la formación ciudadana, está claramente inserta en el currículo nacional, el estudiante percibe que esta no ha sido recibida de manera explícita, ni intencionada en las actividades que cotidianamente realizan en el escuela, puesto que en general se dedican, a escribir largas listas de contenidos que en su mayoría, deben memorizar y que culminan con el desarrollo de un cuestionario, cuyas preguntas realiza el profesor. Como también una formación que se yuxtapone con sus intereses, porque la falta de contextualización de las actividades en torno a un eje que favorezca la formación ciudadana del estudiante, y por lo tanto, su inserción plena en la sociedad hace que el alumno yuxtaponga sus intereses con los de la sociedad. De esta manera se levantan dos bloques que no dialogan ni se interrelacionan, porque por una parte están sus intereses y por otro muy distinto, los intereses de la sociedad: “los alumnos no realizan el puente, el enlace que les permita comprenderse como miembros de una sociedad, lo importante es concretar los anhelos personales, más que los del grupo, de la transcendencia de cumplir sus legítimas aspiraciones, más que los de la sociedad, de lograr un bienestar personal…..de adquirir sus bienes materiales, más que los de la sociedad, de cuidar el mobiliario familiar, más que el mobiliario público que utilizan a cada momento y la importancia del capital financiero, más que del capital social. En fin, hablan desde sí y para sí” (Muñoz Labraña, Carlos: La formación ciudadana en la escuela problemas y desafíos, página 239). Lo que demuestra el excesivo individualismo con que los sujetos en nuestra sociedad encarnan los problemas cotidianos. Donde ven a la formación ciudadana de manera de manera prescriptiva y factual y no la relacionan con el desarrollo de ciertas habilidades ni menos actitudes vinculadas al aprender a vivir en sociedad. las llamadas virtudes cívicas, asociadas a ciertos valores morales, como la libertad, el respecto, la tolerancia y la justicia, son vistas desde un punto de vista individual, de esta manera, se produce un ocultamiento de las responsabilidades conjuntas y compartidas, de la corresponsabilidad y de la participación en lo público.
Se debe ampliar el concepto de ciudadano, porque el estudiante homologa el concepto de ciudadano al de elector y nada más, el ciudadano elector con  una óptica eminentemente política y legal y electoral, sin ir más allá, de esta manera el voto se constituye como un puente entre la ciudadanía y la sociedad mas no se su sociedad: “un punto de confluencia entre las opiniones individuales de los ciudadanos-electores y un ideario etéreo de sociedad, de la que no se sienten participes. A tal punto que cuando se refieren a ella, lo hacen siempre como algo paradójicamente ajeno a si cotidianidad y vivencia personal” (Muñoz Labraña, Carlos: La formación ciudadana en la escuela problemas y desafíos, página 241). Al asociar el voto a una opinión personal, los estudiantes establecen una relación de uno a uno, que hace que en  la contienda electoral logra triunfar quien tiene más un entorno a su persona y no aquella persona candidata que logra concitar adhesión  en torno a un proyecto de sociedad. Por lo tanto, en esta opción el estudiante, prioriza por sus proyectos personales, dejando de lado para otros o para más adelante la opción de pensar en la sociedad que quieren vivir. Pensar en su sociedad se convierte, entonces, en una opción de futuro, de un futuro que quizás no podría llegar.
Los hallazgos de la investigación confirman la distancia que existe, en materia de formación ciudadana, entre el currículo formulado y el ejecutado. Esto, porque si bien el currículo preescrito, a través de los programas de estudio, propicia y propone al profesorado la enseñanza de ciertos conocimientos, habilidades y actitudes ciudadanas, en la práctica el personal docente no los incorpora en el aula, con una mirada ciudadana. Lo anterior hace que la escuela aparezca ensimismada en una lógica más bien disciplinar, en donde los contenidos tienen validez en tanto son prescritos curricularmente para ser enseñados en forma individual, pero no desde su valor de uso en el contexto social, al que los propios profesores y estudiantes pertenecen y en el que la escuela está inmersa.
Esto trae, como consecuencia, que los estudiantes yuxtapongan sus legítimos intereses con los de la sociedad, contradiciendo así los objetivos que persigue la formación ciudadana en el sistema escolar, que busca que la escuela sea un espacio donde los estudiantes aprendan a vivir en sociedad, más allá de los contenidos preescritos en el currículo de formación.
La tarea es compleja, porque no solo se trata de efectuar una adecuada cobertura curricular de los contenidos vinculados a la temática ciudadana, sino que también de ofrecer al estudiantado la oportunidad de vivir en la escuela los principios y valores vinculados a ella. Asumir este desafío implica revisar y enfrentar de manera distinta la transposición didáctica de todos los contenidos de enseñanza y no solo de aquellos vinculados directamente a la formación ciudadana. También implica hacer del aula un espacio de trabajo donde el respeto, la tolerancia, la participación, la colaboración, la inclusión y la posibilidad de tomar decisiones conjuntas e informadas constituyan experiencias y vivencias cotidianas por parte del estudiantado y no solo conceptos a ser aprendidos en forma memorística, como también de las oportunidades de aprendizaje realmente ofrecidas, del rol y el nivel de participación estudiantil y del profesorado, del uso de fuentes variadas y de la posibilidad de llevar al aula un conocimiento inacabado y en permanente revisión.
Los resultados obtenidos también sugieren que, a pesar de los esfuerzos ministeriales realizados durante las últimas décadas, los grupos de estudiantes siguen vinculando la formación ciudadana casi exclusivamente al ámbito político, lo que si bien es coherente con el enfoque minimalista, se contrapone al enfoque maximalista que se promueve desde el currículo escolar, retrotrayendo la situación al currículo promovido durante la dictadura. Vincular la formación ciudadana de manera exclusiva a lo político es promover la formación de una ciudadanía que no es capaz de vivir ni reconocer la importancia de su presencia y actuación en otros ámbitos tan importantes como el social, el económico, el cultural y el espiritual. También es pensar en lo político como la única y casi exclusiva forma de participación en una sociedad, es considerar al ciudadano como un elector más bien pasivo que concurre cada cierto tiempo a sufragar, es promover una democracia representativa más que participativa, es valorar el capital electoral por sobre el capital social; en fin, es pensar que la vida de un ciudadano o ciudadana se inicia y se acaba en lo político, en lo electoral y en lo legal, en consecuencia que somos parte de aquellos que piensan que un buen ciudadano es quien es capaz de vivir con las otras personas y junto a ellas, en un espacio de construcción colectiva y cooperativa que llamamos sociedad.
El posicionamiento que debe hacer la escuela y sus desafíos deben estar orientados a los siguientes ejes, primero que todo tomando en cuenta la carta democrática interamericana que en un punto nos dice: “Las actividades para promover la democracia deberían tomar en consideración los puntos de vista y opiniones de la juventud, lo cual respeta el derecho de participación de los niños y los jóvenes, mejora la calidad e impacto de la formación ciudadana y fomenta un mejor diálogo intergeneracional”( Morales Garza, Sofía Leticia: Fortalecimiento de la democracia en las Américas a través de la educación cívica, página 3). La importancia del paso por la escuela es que nos incorpora a una sociedad democrática, y al hacerlo, contribuye a crear esa sociedad democrática. Entendiendo que en nuestras sociedades democráticas la educación obligatoria, debe ser la experiencia social llamada a reconocernos como iguales en cuanto a ciudadanos, pese a nuestras diferencias. Este aprendizaje transforma a los individuos en ciudadanos y al hacerlo, recrea, reproduce transgeneracionalmente la democracia.
Lo que debemos entender es que la democracia, es una construcción colectiva, que nos  este momento de la historia nos permite concebirnos como ciudadanos de una misma de una misma polis, unidos por un interés general definido entre todos y que debe ser cuidado por todos: “en democracia hay ciertos aspectos de mi vida que son responsabilidad de todos y ciertos aspectos de la vida de los demás por lo que yo tengo responsabilidad y por lo tanto, la relación educación-democracia tendrá estas dos caras, comunicar este legado que nos es común y formar a los ciudadanos capaces de cuidarlo y acrecentarlo”( Garcia-Huidrobo, Juan Eduardo: Educación inclusiva y democracia, página 2). Bajo aquella realidad la educación democrática debe ser un espacio donde todos los ciudadanos se encuentren y se reconozcan como iguales, al incorporar a nuevos ciudadanos y ciudadanas a la democracia, le enseña la democracia y crea más democracia.
Ahora está claro que esta construcción democrática choca con una sociedad individualista que un rasgo característico del mundo contemporáneo. Individualismo que es empujado, a nivel mundial, por una globalización neoliberal, en que priman los mecanismos mercantiles que atienden los intereses particulares y con ciegos para visualizar procesos colectivos: “la globalización de los mercados y su impacto disolvente sobre la cohesión social y la democracia debe ser contrastado por unas nuevas formas de solidaridad que tienen su fundamento moral último en la fraternidad, entendida como principio universal que abarca no solo a la especie humana” (Garcia-Huidrobo, Juan Eduardo: Educación inclusiva y democracia página  5).
Por lo tanto uno de los primeros paradigmas, la educación de la ciudadana, es aquello que nos asegure ser una experiencia democrática, la cual la podemos describir como: “la convivencia con los distintos a mí, bajo reglas de igualdad. El niño sale del ámbito privado y protegido de la familia y es tratado en le escuela como uno más de un grupo. El meollo de esta experiencia es que los distintos son tratados como iguales, su enseñanza democrática es doble, por una parte la experiencia escolar señala que más allá de nuestras diferencias somos iguales en dignidad y derechos, por otra parte, que esta igualdad de derechos se produce por una común pertenencia a una comunidad política, la que  nos hace ciudadanos. Así la escuela incluye al niño en el ámbito de lo público y, al mismo tiempo, contribuye a crear lo público” (Garcia-Huidrobo, Juan Eduardo: Educación inclusiva y democracia, página 4-5)
Lo cual se traduce, que esta exigencia de igualdad, se traslada a dos niveles de la educación, nivel institucional o sistémico, se refiere a la arquitectura, organización y regulación de los sistemas educativos y a nivel curricular donde se busca que todos los nuevos ciudadanos y ciudadanas compartan la cultura y los valores nacionales y logren el dominio de un conjunto de saberes y habilidades que se juzga necesarios para vivir en sociedad.
La primera exigencia, entonces, para los sistemas educativos y de la escuela por consiguiente, es la igualdad, ello es difícil, pero debe ser el norte democrático por excelencia. Es en las escuelas donde se debe centrar el sistema educativo: “la escuela requiere de la mixtura social, si la sociedad democrática se constituye en el encuentro y la convivencia de los distintos en el plano mutuo de reconocimiento, como iguales, la escuela, para ser el espacio de esta experiencia común, debe ser capaz de incluir a esos  distintos en su seno” (Garcia-Huidrobo, Juan Eduardo: Educación inclusiva y democracia, página 7). El respecto democrático acepta las diferencias.
Es aquí donde se privilegia un régimen público, para hacer ver que aunque se mantenga un sistema escolar donde coexisten diferentes tipos de escuelas, todos deben tratar a sus estudiantes como ciudadanos y no como clientes.
La otra dimensión que se debe trabajar en la escuela, es el currículo, donde a través de él: “se realiza una selección natural con propósitos formativos, que organiza la trayectoria de alumnos y alumnas y que, en los contenidos, esquemas mentales, habilidades y valores que contribuye a comunicar, es un regulador mayor de su experiencia futura… La sociedad al seleccionar el currículo está decidiendo lo que quiere ser, al trazar el desarrollo personal de los estudiantes y las características de sus procesos de aprendizaje, está definiendo su fisonomía en lo productivo, lo político y la convivencia social. El currículo es expresión del saber que se considera socialmente necesario” (Garcia-Huidrobo, Juan Eduardo: Educación inclusiva y democracia, página 8-9).
La formación ciudadana, desde la perspectiva democrática, es entendida con un acto de convivencia, una condición que se ejerce en cooperación con otros y otras, implica su reconocimiento como una: “práctica para la libertad en una sociedad democrática” (Echeverry Velásquez, Martha Lucia: Formación ciudadana y escuela una mirada desde la ciudadanía democrática, página 2). Por lo tanto hace al ciudadano, un sujeto portador de derechos y responsabilidades y que lo faculta para su participación en la conformación, el ejercicio y el control del poder político, dada su pertenencia a una nación.
Debemos pasar de una ciudadanía pasiva: “en la cual el ejercicio de derechos y deberes no está presente, se acepta de forma sumisa y resignada el ordenamiento social e institucional y se naturalizan las implicancias del mismo, así vulnere derechos fundamentales o impide el desarrollo de capacidades básicas de sus propios ciudadanos” (Echeverry Velásquez, Martha Lucia: Formación ciudadana y escuela una mirada desde la ciudadanía democrática, página 3). A una ciudadanía activa que implica: “en cuanto a derechos y responsabilidades, que se expresa en prácticas vigilantes y de control frente al actuar del Estado y el mercado, y en acciones responsables dirigidas al bienestar público, lugar al que concurren todos aquellos que propugnan por el bien común y el interés general” (Echeverry Velásquez, Martha Lucia: Formación ciudadana y escuela una mirada desde la ciudadanía democrática, página 2-3).
Es aquí donde entramos a visualizar y desmitificar la apatía juvenil, porque los jóvenes, según estudios, ven aspectos centrales de que ellos entienden por ciudadanía, según los estudios que nos dijeron que los jóvenes como actores del proceso democrático pueden intencionar su actuación en tanto sujetos participativos y con voz al interior de la sociedad civil, indican que poseen una visión y aspiraciones de ciudadanía y que se comprometen en diferentes tipos de participación social, o sea, un retrato diferente de la supuesta apatía por asuntos cívicos que se les atribuye a partir de las cifras de baja inscripción electoral.
Para los jóvenes la ciudadanía, estaría configurada por:
“a) La pertenencia a un grupo, sociedad o país: los jóvenes refieren prejuicio y discriminación hacia ellos, su imagen y su cultura, situación potenciada por los medios de comunicación que difunden aspectos negativos de las movilizaciones que efectúan, son valorar la contribución positiva de su acción. Los jóvenes aspiran a una cultura comunitaria que valore la pertenencia.
b) Los derechos económicos y sociales: como la equidad de oportunidades (son discriminación económica) en el acceso a educación, salud, vivienda, justicia, seguridad ciudadana, recreación, entre otros, que significan verdaderamente libertad de elegir y respeto a los derechos sociales. Desde esta perspectiva, los jóvenes denuncian la discriminación existente y la hegemonía del dinero para determinar las oportunidades y la vulneración de derechos en algunos grupos de la sociedad. Perciben clases sociales marcadas que conllevan creencias de superioridad o privilegios del adinerado, vulnerando los derechos de aquellos que se encuentran en situación de pobreza (jornadas de trabajo y remuneraciones)
c) Opinar, disentir, tomar decisiones y participar en el logro de metas comunes: generando cambios a través de la participación. Concordante con los hallazgos, los jóvenes adscriben a una ciudadanía activa que valora la responsabilidad de informarse, la deliberación de los ciudadanos y la participación en la toma de decisiones, con voz en asuntos públicos y poder de influencia a diferentes niveles del agregado social. Ellos manifiestan la importancia de que su voz sea tomada en cuenta y rescatan la importancia de mantener la capacidad de lucha participando en organizaciones, a modo de ejemplo mencionan la revolución pingüina, como una búsqueda emblemática de igualdad en la calidad de la educación. La movilización de los estudiantes visibilizó el problema de la calidad de la enseñanza en la agenda pública y se escucharon inicialmente sus demandas, pero, en su visión, este proceso los excluyó en la toma de decisiones. Los jóvenes reclaman la falta de poder real del os ciudadanos, particularmente del segmento joven y de aquellos económicamente desaventajados. Así, una gran deuda pendiente es la participación influyente, cuyo objetivo debe ser la defensa de los intereses de la mayoría y la búsqueda de equidad social” (Silva, Carmen: Los jóvenes, reflexiones para una política de formación ciudadana juvenil, pagina 2-3)
Esto indica, que para los jóvenes, el concepto de ciudadanía recoge una aspiración por la igualdad de acceso e integración social. Asimismo, confirma la percepción de los jóvenes de no ser considerados o entendidos por el mundo adulto, y su aspiración de una ciudadanía plena que los refleje e integre también a ellos. Esta percepción se correlaciona con la visión optimista de atribuirse posibilidades de éxito en los proyectos de vida, a través del esfuerzo y los objetivos que se han propuesto, valorando las oportunidades y los derechos civiles, políticos, económicos-sociales y culturales existentes. La pobreza también es vista como una carencia que provoca una pérdida de la integración social.   
El que los jóvenes, asuman un tipo de ciudadanía, que podríamos llamar multidimensional, nos plantea enormes desafíos para la formación ciudadana, la cual debería enfocarse, para su implementación en la escuela, recogiendo las nuevas realidades tanto en el plano de cambios internacionales y nacionales (globalización, neoliberalismo  identidades no partidistas, nuevas organizaciones para la movilización de la acción colectiva, estrategias no convencionales de acción política)
La propuesta de formación ciudadana, atendiendo a la realidad que estamos viviendo, debería ser:
“Parte de reconocer que si un Estado social de derecho tiene como presupuesto ético-político la urgente necesidad de definir un ideal común de justicia que provea a los ciudadanos de un conjunto de derechos y pautas normativas de propicien la expresión del pluralismo y la participación activa de los ciudadanos, por lo tanto los programas de participación ciudadana deben definir explícitamente lo siguiente:
- Reconocer la justicia como la primera virtud de las instituciones políticas y sociales
- Avanzar en la fundamentación pública de una concepción de la justicia que sea reconocida por todos los actores sociales, como marco de regulación de la sociedad.
- Afianzar la capacidad de agendar las asociaciones a organizaciones y movimientos sociales, para definir colectivamente unas reglas de juego que aseguren la coexistencia de la pluralidad, alrededor de la construcción de un proyecto colectivo
-Fortalecer la creación y desarrollo de redes sociales que aglutinen diversas organizaciones sociales y promuevan acuerdos programáticos entorno a intereses de carácter colectivo.
- Promover un conjunto de virtudes cívicas, como la tolerancia, la autonomía, el dialogo, la razonabilidad, la cooperación y la equidad entre otras, como plataforma para la configuración del sujeto político.
- Favorecer la participación ciudadana como expresión e integración de la cultura local y el desarrollo de la ciudadanía en la esfera pública”. (Delgado, Ricardo: Interrogantes en torno a la formación ciudadana de las competencias ciudadanas y la construcción de lo público, pagina 8-9)
Otro desafío a implementar es la necesidad de explicitarlas dimensiones en las que, en este contexto renovado de la política y la ciudadanía, se despliegan los procesos de formación de las competencias ciudadanas.
Aquí se debe considerar que: “los presupuestos ético-políticos que fundamental a una sociedad democrática requieren constituirse paulatinamente en repertorios culturales, en gramáticas colectivos, a través de procesos formativos, para ser traducidos en conocimientos valores, normas y prácticas” (Delgado, Ricardo: Interrogantes en torno a la formación ciudadana de las competencias ciudadanas y la construcción de lo público,  página 9), donde se debe apuntar a:
-“La compatibilidad de las competencias ciudadanas con el pluralismo político, social y cultural. La consolidación de nuevas identidades colectivas y políticas diversas debería ser comprendida como una expresión del pluralismo razonable propio de las sociedades democráticas, lo cual demanda del ciudadano o ciudadana la capacidad de identificar y reconocer múltiples universos simbólicos de lo político, pero al mismo tiempo reclama la capacidad de evaluación y análisis de los criterios de racionalidad, que sustentan las diversas concepciones de bien colectivo que caracterizan a estas nuevas expresiones de la política 
- La consistencia de las competencias ciudadanas con los principios de los derechos humanos y los valores democráticos. La definición de las competencias ciudadanas de manera consistente con los principios de los derechos humanos y los valores democráticos se constituye en un imperativo ético-político en un estado social de, en la medida en que debe encarnar dentro de sus componentes los valores de la autonomía, libertad e igualdad como referentes de los ideales de justicia social y como plataforma normativa de la esfera pública en donde tiene lugar la acción colectiva.
- La correspondencia de las competencias ciudadanas con los ideales de justicia y equidad. Los procesos de formación de las competencias ciudadanas deben reconocer que las renovadas expresiones de la acción política de los movimientos sociales se orientan hacia la exigencia de unos mínimos de justicia que actúen como marco fundante y ordenador de la estructura básica de una sociedad, es decir, de las instituciones democráticas, permitiéndole al ciudadano o ciudadana definir unos propósitos colectivos que todos compartimos y respaldamos, y sobre los cuales converjan las diversas acciones y argumentaciones en la esfera pública.
- La vinculación de las competencias ciudadanas con el actuar reflexivo y razonable. Esto supone, por parte de las y los ciudadanos y de sus asociaciones, en primer lugar la reflexividad o capacidad reflexiva para tomar distancia respecto a las formulaciones de sus creencias morales e ideológicas, siendo conscientes de la falibilidad de las mismas, la cual les permite estar abiertos a reconocer otros lenguajes y argumentos que pueden incorporar a sus marcos de comprensión y desde ahí generar una actitud o disposición abierta para revisar sus propios fundamentos de acción y, así, poder construir con otros un conjunto de razones públicas sobre las cuales se puedan configurar los argumentos, los debates y la justificación de las diversas acciones colectivas en la esfera pública. En segundo lugar, el carácter de razonabilidad como condición central del pluralismo político y como criterio de legitimación del ámbito público hace alusión a la “capacidad que tienen los ciudadanos para explicarse unos a otros el fundamento de sus acciones, en términos tales que cada uno pudiera razonablemente esperar que los demás aceptaran como consistentes en su condición de sujetos libres e iguales.
-Las competencias ciudadanas como expresión y realización de la autonomía y del reconocimiento por el sentido del otro y del nosotros. Los procesos de formación de las competencias ciudadanas deben partir por identificar tres rasgos que hacen posible que al ciudadano o ciudadana se le atribuya las cualidades de juez moral competente para participar en la esfera pública, como son: la autonomía, la dignidad y el reconocimiento, cualidades que facultan al sujeto para discernir, distinguir y juzgar la relación entre lo posible en un sistema social y político y lo deseable desde el punto de vista normativo de la justicia, lo que implica y demanda a las y los ciudadanos y a sus colectivos el asumir como criterios ordenadores de lo social los principios de libertad, igualdad y equidad. Así, éstos se constituyen en los valores rectores desde los cuales pueden las y los ciudadanos y sus asociaciones juzgar a las instituciones, organizaciones e individuos respecto a la atención y cumplimiento de sus demandas y requerimientos como sujetos de derechos. De igual manera estos principios operan como referentes para ponderar las consecuencias previsibles de sus acciones en relación al bien público y a la convivencia ciudadana como expresión del sentido del “nosotros”.
- La relación de las competencias ciudadanas con la cooperación y coordinación entre grupos sociales heterogéneos. Las renovadas expresiones del ideal democrático que toman forma en las nuevas manifestaciones de la acción colectiva de los actores sociales, deberían estar orientadas hacia la definición de un ideal de bien colectivo más englobante que cualquier sumatoria de bienes privados o aislados. Esto es posible si se asume la sociedad como un sistema justo de cooperación, lo que exige que las diversas acciones políticas que se agencien desde los distintos movimientos sociales, orienten su ejercicio de participación sobre la base del imperativo cívico que encierra el bien público; haciendo comprender a los asociados lo que tienen en común, y convocándolos a un debate creativo sobre la definición de reglas e instituciones políticas y sociales que los regule en sus relaciones de intercambio y cooperación”. (Delgado, Ricardo: Interrogantes en torno a la formación ciudadana de las competencias ciudadanas y la construcción de lo público, página 10-11)
La descripción de las anteriores dimensiones que, en nuestro concepto, demarcan el horizonte y los elementos que conllevan los procesos de formación ciudadana en este contexto renovado de la política y la ciudadanía y que muestran sus diversos atributos, nos lleva a reconocer que si bien la noción de competencia ha tenido usos muy diversos, generando una gran variedad de significados tanto en el lenguaje científico como en el ordinario, es posible discernir un limitado pero sólido centro semántico que se asocia con los términos de “capacidad”, “habilidad”, “efectividad” y “desempeño”. Lo que supone en esta oportunidad asumir la noción de competencias ciudadanas como una categoría abarcadora que encierra aspectos cognitivos, afectivos, actitudinales y motivacionales, supuestos normativos y morales, relacionales y comunicativos, aspectos que pueden distribuirse a lo largo de ciertas dimensiones y que, dentro de ellas, también pueden especificarse algunas habilidades. Por ello cabe preguntarse: ¿Qué capacidades y habilidades requieren ser potenciadas para que el ciudadano y la ciudadana puedan participar activamente en los procesos de entendimiento colectivo que encierra la construcción de lo político, de la política y de lo público?
Teniendo como referencia los anteriores supuestos normativos y las dimensiones sugeridas, antes de pormenorizar las capacidades y habilidades a las que se refiere la pregunta, se hace necesario enunciar los siguientes criterios, los cuales demarcan el horizonte de asumir las competencias ciudadanas como una construcción social, en tanto los integrantes de una organización o movimiento social actúan de manera conjunta para elaborar su marco de acción ciudadana de carácter colectivo:
- “La reflexividad, que alude a que las organizaciones y los actores sociales se asuman como agencias colectivas generadoras y movilizadoras de significación, que persiguen el objetivo de provocar, impedir o anular un cambio social fundamental.
- La razonabilidad como capacidad que tienen los actores sociales, organizaciones y movimientos- para construir con base en su experiencia, marcos de acción colectiva desde donde explicar, justificar y legitimar unos a otros el fundamento de sus acciones, configurando discursos que nutren el debate y la cultura pública.
-La agenciación, que se refiere al reconocimiento de la intencionalidad como capacidad de autodeterminación para efectuar acciones trasformadoras, convirtiendo a los actores sociales en agentes de sus propios cambios sociales.
- La sociabilidad, que reconoce que la acción ciudadana es fuente y expresión de la interacción social, que conlleva tensiones y conflictos de intereses en el contexto de lo político y lo público.
Como se puede apreciar, dichos criterios encarnan factores cognoscitivos, afectivos, morales, relacionales y comunicativos que configuran el marco de acción colectiva, desde el cual los actores sociales le imprimen sentido a su acción ciudadana y a los fines que persiguen, lo cual plantea el cuarto y último desafío a los programas de formación ciudadana: identificar y proponer las capacidades y habilidades asociadas con la formación de las competencias ciudadanas, para fortalecer la capacidad de acción colectiva de las organizaciones como fundamento del fortalecimiento de lo político-público. Para comenzar a responder a dicho desafío, proponemos las siguientes.
- La capacidad para que los actores sociales puedan asumir e interpretar sus problemáticas y adversidades como injusticias, logrando de esta manera justificar y legitimar su acción ciudadana colectiva con base en el marco de los derechos fundamentales.
-La habilidad y disposición por entender lo que sucede en nuestra propia vida, y en la de otros, logrando una postura reflexiva y razonable sobre los propios criterios, valores y creencias y reconociendo los de otros.
-La capacidad de reconocer y analizar patrones distintos de configuración de intereses políticos, logrando establecer analogías entre situaciones diversas, con el fin de negociar y pactar acuerdos de convergencia.
-Las habilidades para agenciar procesos organizativos de carácter cooperativo asociativo que promuevan la identidad colectiva, la participación y la promoción de redes sociales para la acción colectiva pública.
- La habilidad para escoger medios legítimos de protesta social para lograr fines establecidos, apreciando así el sentido que encierra la norma como criterio de autorregulación y como plataforma para la formación de una racionalidad colectiva pública.
- La habilidad para desarrollar una orientación social que lleva a confiar en otras personas, escuchar y entender las posiciones de otros y propiciar acciones de cooperación e integración grupal.
-Las habilidades de razonamiento moral para la toma de decisiones y para explicar valoraciones, preferencias y comportamientos.
-Las habilidades de negociación y tratamiento de conflictos tanto al interior de los colectivos sociales como en el contexto de las redes de alianzas.
-Las habilidades para propiciar, negociar, pactar y reparar acuerdos sociales para la convivencia.
- Las habilidades comunicativas y argumentativas que le permitan a los ciudadanos y a sus organizaciones sociales posesionar y divulgar con una alta resonancia cultural sus discursos y demandas”. (Delgado, Ricardo: Interrogantes en torno a la formación ciudadana de las competencias ciudadanas y la construcción de lo público, página 12-13)
Los resultados de los estudios permiten no sólo formular desafíos para una política juvenil, sino también reflexionar acerca de la capacidad de los programas para motivar a los jóvenes. En lo fundamental, preguntarse si la manera en que se está abordando la formación ciudadana en Chile contribuye realmente a despertar en niños y jóvenes el interés por ser ciudadanos activos. El desafío de los programas ha sido crear ambientes en que niños y jóvenes puedan tener una experiencia de aprendizaje positiva, en que se practiquen valores, ejerciten habilidades y se aprendan conocimientos acerca de la ciudadanía. Así, los programas comparten una práctica participativa e interactiva que enfatiza la idea del aprendizaje significativo y activo. De esta manera, se privilegia que los temas tratados o las situaciones representadas sean de interés para los niños, intentando acercar los contenidos a la realidad en que viven.
Debemos rescatar también que preocupado por la implantación  de la formación ciudadana, también podemos encontrar, que el poder legislativo se hace presente, tratando de resolver el tema en cuestión, y es aquí donde podemos encontrar, un proyecto de ley, iniciado como moción, presentado por los Senadores Espina y Walker, donde buscan modificar la ley General de educación, con el objetivo de incluir la asignatura de educación cívica en, enseñanza básica y media. Apelando a la constitución de la República de Chile, donde en su artículo número 19, numeral 19, se establece el derecho a la educación, con el objetivo de la búsqueda del pleno desarrollo de la persona en las distintas etapas de su vida. Y en el acercamiento a la comunidad señala: “es deber de la comunidad contribuir al desarrollo y perfeccionamiento de la educación” (Boletín n°9.227-04, página 1).
Se justificaría la implementación por ser un derecho consagrado en la Constitución y fortalecido en el párrafo número 1° del artículo 13 del pacto internacional de derechos económicos, sociales y culturales, que dispone que los Estados: “convienen en que la educación debe orientarse hacia el pleno desarrollo de la personalidad humana y del sentido de su dignidad y debe fortalecer el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales. Convienen asimismo en que la educación debe capacitar a todas las personas para participar efectivamente en una sociedad libre, favorecer la compresión, la tolerancia y amistad entre todas las naciones. (Boletín n°9.227-04, página 1). Dejando en evidencia que existe una relación entre la educación y los valores democráticos de una nación, donde es necesario generan las herramientas político- democráticas para incentivar el respeto y promoción de la democracia. Y refrendando que: se hace necesario atender a una demanda que imperado en diversos sectores del país y considerar la urgencia de incorporar dentro de la educación escolar, mecanismos que permitan formar de la mejor manera a los ciudadanos del futuro, fomentando y propiciando de la mejor manera la participación ciudadana a través de un ejercicio consciente de sus derechos y deberes. (Boletín n°9.227-04, página 1)
El estudio de los Senadores deja en claro que es necesario su implementación para un desarrollo integral de las personas, formando un ciudadano responsable , que conoce el sistema institucional de su país, al menos como primer acercamiento, para la formación democrática, generando un espacio de interés de nuestra futura ciudadanía en el acontecer político-social.
Aquella ley, debería resolver el problema de la desvinculación ciudadana, donde algunos autores sostienen que la educación cívica permite el desarrollo de las habilidades cívicas y el conocimiento de los asuntos públicos favoreciendo el involucramiento en el espacio democrático, porque la dinámica se daría por una directa relación en que a mayor instrucción , mayor participación, porque la instrucción colabora a despertar el interés por los asuntos socialmente relevantes: “Una sociedad mejor instruida nos permite tener mejores ciudadanos, y como consecuencia de ello tender al desarrollo integral del colectivo”(Boletín n°9.227-04, página 1).
De este modo encontramos un involucramiento directo del otro poder el Estado, que preocupado por las baja participación de los jóvenes, por canales tradicionales, busca subsanarlo implementado la asignatura de educación cívica, con el fin de formar ciudadanos preparados para ejercer dinámicamente sus derechos y ejercer con responsabilidad los deberes que le competen , siendo un verdadero y significativo aporte al crecimiento, desarrollo y consolidación de una sociedad, más libre, solidaria y justa.
Pero esto no es lo único, un espacio formal de participación, donde los jóvenes pueden expresar sus inquietudes, patrocinado por la Biblioteca del Congreso, encontramos el  torneo de debate DELIBERA, que busca la participación de los jóvenes Chilenos, en un espacio donde a través de la formulación de iniciativas de ley, se sientan partícipes de solucionar los problemas que lo aquejan  en áreas tan diversas, como medio ambiente, migración, educación, economía, entre otros. Y es aquí donde por ejemplo encontramos un grupo de estudiantes que visualizaron, el año 2012, la implementación de  la asignatura de educación cívica y ética, un resolvería en tema que hemos estado tratando en este ensayo, y que lo justificaba porque para ellos : “Esta concepción de la educación como formadora de personas integrales está presente en el artículo 19 de nuestra Constitución Política que señala en su inciso 10º: La educación tiene por objeto el pleno desarrollo de la persona en las distintas etapas de su vida, así como en el artículo 10 de la Ley General de Educación, cuando indica que, los alumnos y alumnas tienen derecho a recibir una educación que les ofrezca oportunidades para su formación y desarrollo integral;(...) Sin embargo, una serie de evidencias nos indican que lo anterior no se está cumpliendo a cabalidad, ya que en la práctica nuestro sistema educativo está favoreciendo un modelo de educación instrumental, de raíz utilitarista, donde lo que importa es el resultado medible numéricamente, dejándose de lado la centralidad de la persona humana. Se está entendiendo calidad de la educación como eficiencia y  ésta como rendimiento escolar. Se les pregunta a los estudiantes cuánto saben de matemática o lenguaje, qué promedio de notas tienen, más que por sus opiniones o sentimientos. Se privilegia el saber por sobre el ser, lo cognitivo por sobre lo valórico y afectivo” (Grupo de debate DELIBERA 2012: Implementación de la Asignatura de Formación Cívica y Ética, página 1). La iniciativa de ley, ratifica que el Estado, en la Constitución de la Republica, se plantea formar seres humanos a través de la educación pero no lo está logrando.  Porque buena educación estaría dado por: “Lo anteriormente expuesto, se evidencia en  que el logro de la calidad de la educación, se mide a través de pruebas estandarizadas como el SIMCE o PSU, que evalúan fundamentalmente conocimientos, asimismo el sistema educativo acredita como de “Excelencia Académica” a escuelas que logran sortear con éxito el SNED (Sistema Nacional de Evaluación del Desempeño Docente) que un 65% de sus indicadores de logro, se refieren a los puntajes obtenidos en el SIMCE, sin  considerar lo valórico, el clima de convivencia y el desarrollo de los objetivos transversales”.( Grupo de debate DELIBERA 2012: Implementación de la Asignatura de Formación Cívica y Ética, página 2 ). Y lo que termina por generar graves consecuencias: “Este descuido por la formación integral de los alumnos adquiere mayor gravedad, si consideramos que hay múltiples evidencias que nos indican que nos encontramos frente a una crisis valórica y social y que la educación no ha sabido enfrentar. Una demostración de esto, es el aumento de la violencia escolar como lo revela la Encuesta Nacional de Convivencia Escolar que señala que en 2011“cerca del 25% de los estudiantes declaraba ser víctima de bullying diariamente”. 6 ó como indica la última encuesta de SENDA, un 33% de los alumnos declara que le han robado en el colegio alguna vez en el último año. También podemos apreciar un aumento del nivel de estrés y el individualismo en los estudiantes que buscan las mejores notas para estar dentro del ranking de su escuela y tener más puntos para la PSU. Asimismo el desencanto con la política es cada vez más real, ya que como señala la Sexta Encuesta Nacional de Juventud 9, el 23,8% de los jóvenes entre 15 y 29 años está insatisfecho con la democracia, además el 90,8% no le interesa participar en un partido político y antes de la inscripción automática el 43,8% no se inscribía en los registros electorales, porque la política no les interesa. Además según la prueba sobre conocimientos de Educación Cívica y Formación Ciudadana de 2009, sólo el 20% de los estudiantes demostró conocer  la realidad política y social del país. La apatía por participar y la falta de formación cívica se torna preocupante, cuando hoy tres millones y medio más de jóvenes están habilitados para sufragar. Todo lo anterior podría afectar el funcionamiento de la democracia, el no cumplimiento de los deberes cívicos,  así como el aprecio por las instituciones republicanas y el servicio público. Una señal que algo no funciona es la ocurrencia en el último tiempo, de graves actos de corrupción en el aparato público y abusos en el ámbito privado, cuyos protagonistas son generalmente profesionales jóvenes” (Grupo de debate DELIBERA 2012: Implementación de la Asignatura de Formación Cívica y Ética, página 2-3)
Se puede concluir que gran tarea de implementar, cabalmente la formación ciudadana en nuestras escuelas es un imperativo, debido a los cambios que sufrieron no solo Chile  sino también el mundo, principalmente con el término de la guerra fría y la consolidación de la globalización, neoliberalismo salvaje, que termino por pulverizar todo proyecto colectivo de sociedad, transformando a los ciudadanos en consumidores, seres individuales que solo buscan su realización personal, en desmedro de un idea de sociedad, ante esta situación , la formación ciudadana debe aportar al fortalecimiento de la cohesión social debe enfrentar el desafío de formar ciudadanos participativos en una sociedad de mercado, con sujetos despolitizados. 
Por lo tanto ¿Qué escuela debemos tener para el futuro? Todos estos cambios en la estructura social y lo que define al ciudadano, la escuela, es el lugar común, que está obligado en este contexto a repensar un modelo de ciudadanía que logre romper la imposición economicista del modelo. El diseño institucional de la acción educativa escolar, se ha de orientar a, primero que todo, a romper el aislamiento institucional, apropiándose de los nuevos requerimientos de la sociedad y redefiniendo su relación con la familia y otros agentes socializadores, hay que enfatizar que la escuela debe asumir una parte significativa de la formación ciudadana en los aspectos, como, la construcción de las bases de la personalidad de las nuevas generaciones.
Como también, en un mundo de la información y los conocimientos se acumulan y circulan a través de medios tecnológicos más sofisticados y poderosos, la escuela, debe preparar para el uso consciente, crítico, activo de los aparatos que acumulan la información y el conocimiento, que generan niveles de convivencia y participación, nunca antes visto, constituyendo una variable central para el desarrollo de un proceso de socialización eficaz.
Y por último, enfatizar del alcance global de la educación, este acceso universal a la comprensión de fenómenos complejos constituye la condición necesaria para evitar la ruptura de la cohesión social y escenarios desesperanzadores que presentan en la actualidad.
Bibliografía:
1.-Morales Garza, Sofía Leticia: Fortalecimiento de la democracia en las Américas a través de la educación cívica, Washginton D.C, EEUU, Enero del 2004.
2.-Krauska, Dina: Los nuevos desafíos de la educación en el desarrollo juvenil, Puerto Rico, 2001
3.-Garcia-Huidrobo, Juan Eduardo: Educación inclusiva y democracia, Universidad Alberto Hurtado, Santiago de Chile, Septiembre 2013.
4.-Campos Arias, Rosa Ludy: Educación social y formación ciudadana en tiempos de globalización, Revista tendencia, octubre del 2006
5.-Delgado, Ricardo: Interrogantes en torno a la formación ciudadana de las competencias ciudadanas y la construcción de lo público, Simposio Internacional, Universidad de Manizales, Cartagena de Indias, Colombia, 9-26 de Agosto del 2003
6.-Barbero, J.M: La formación ciudadana: la escuela, un escenario posible, Medellín, Colombia, 2001
7.-Peralta Duque, Beatriz del Carmen: La formación ciudadana en el sistema educativo de Colombia ¿una mirada reactiva o transformadora?, Ponencia presentada en la Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia, 2007
8.-Echeverry Velásquez, Martha Lucia: Formación ciudadana y escuela una mirada desde la ciudadanía democrática, Universidad del Valle, Septiembre 2011
9.-Tedesco, Juan Carlos: La educación y los nuevos desafíos de la formación del ciudadano, Revista nueva sociedad n° 146, Madrid, 1995.
10.-Marin, Cristóbal: Educación y cultura cívica, Octubre 2001
11.-Muñoz Labraña, Carlos: La formación ciudadana en la escuela problemas y desafíos, Revista electrónica Educare, Universidad Nacional de Costa Rica, 2014
12.-Garcia, Carolina: Los desafíos de la formación ciudadana y la cohesión social frente a la des-subjetivación del sistema, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile, 2011
13.- Silva, Carmen: Los jóvenes, reflexiones para una política de formación ciudadana juvenil, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile, 2011
14.-Santa Cruz, Luis Eduardo: Reflexiones críticas en torno a la formación ciudadana en la institución escolar, Docencia n°23, Santiago de Chile, 2004
15.-Maldonado, María Ofelia: Formación del ciudadanos participativo, Artículos Arbitrados, Buenos Aires, Argentina, 2004
16.- Espina, Alberto; Walker, Patricio: Proyecto de ley, iniciado en moción,  modifica la ley general de educación para incorporar en los niveles de educación básica y media la asignatura de educación cívica, Boletín n°9.227-04, Santiago de Chile, 2013




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